sábado, febrero 10, 2007

EL RITMO DE LA HABANA


LA HABANA MALECON CUBA JINETERAS

EL MALECÓN DE LA HABANA


Viene de:
La habana Subterránea: esta es la música cubana


Al día siguiente sonó el teléfono a la hora acordada. Desperté. La cabeza me dolía. Sudaba a chorros, hacía mucho calor.

- Hola - era ella.
- Hola.
- ¿Estabas durmiendo?.
- Sí... y tengo un dolor de cabeza...
- Jajajaja... ¡te lo dije!.
- ¿Me lo dijiste?... no me digas... ¡te lo dije yo!... mezclar licores me produce dolor de cabeza... me vuelve mierda... ese tequila me mató.
- Sí, se te notaba.
- Uff... tú en cambio estabas entera.
- ¿Cómo?.
- Que estabas entera, que el tequila no te hacía ni cosquillas... a mí todo me daba vueltas.
- Jajajaja... ya ves... ¡viva el power mexicano!.
- Si, cómo no, ¡viva México cabrones!.
- ¡Si... que viva México!... la pasé chido... que noche tan divertida.
- Si... tremenda rumba... y tu eres tremenda rumbera.
- Jajajaja... si, me decías que era la rumbera mayor... jajajaja.
- ¿Te dije eso?.
- Si... ¿no te acuerdas?.
- No... no mucho... que pena.
- A poco que se te borró la cinta...
- Un poco... ¿dije algo indebido?.
- Mmmmm... dijiste muchas cosas.
- ¿Como que?... ¿te declaré mi amor eterno por una noche?.
- Jajaja... no, no llegaste a eso.
- Menos mal... tiendo a exceder la confianza cuando me emborracho de alegría. Me acuerdo que te lleve a tu hotel.
- Si... yo temía que no llegaras al tuyo... estabas muy alegre...
- Llegué, llegué... que bacana es La Habana.
- Si... ¿quieres que nos veamos o tienes mucho sueño?.
- Sí, sí, veámonos, claro, vamos a pasar una tarde habanera, bien habanera.
- Muy bien, ¿vienes o voy por ti?
- Paso por tu hotel.

A pesar del dolor de cabeza, del guayabo tan brutal, sentía una gran alegría, una felicidad que me invade cuando paso momentos de gran derroche de energía. La noche anterior el concierto había sido maravilloso. Que locura. La descarga hipnótica de ritmo caribeño cubano de Manolito Simonet pronto contagió a todos los que estábamos presentes en La Casa de la Música. La timba, música embriagante y lujuriosa, impuso un ritmo enloquecedor, de profundas raices africanas, que en sus cuerpos reproducían las cubanas, y al rato todos los que estábamos allí. Una cubana bailando es algo insuperable. Los movimientos sensuales y sexuales de las hermosas cubanas perturban cualquier entendimiento, contagian cualquier ambiente. Yo no pude permanecer sentado, ese ritmo no me dejó, así que invité a bailar a la chica del tatuaje. Desde ese momento todo fue puro vértigo.

Me duché rapido y salí a la calle. Por primera vez en mi vida caminé por La Habana bajo la luz del día. La luz caribeña habanera es muy especial. Reconocí muchos detalles de sus calles y de su gente que había leído en los cuentos del escritor Pedro Juan Gutiérrez.

Me sentía muy bien. En mi cabeza reproducía las imágenes de la noche anterior en el concierto y luego en el malecón, donde me perdí con Dalia, la chica del tatuaje. Las imágenes: bailando con Dalia, su sonrisa, su piel morena, su voz con personalidad, el ritmo desmedido de la música de Manolito Simonet, el taxi, el malecón, la gente en el malecón, la fiesta a la que nos colamos, la amabilidad de las personas de la fiesta que nos brindaron todo el ron que quisimos, el que no quisimos y hasta comida, el descubrimiento de la música del grupo Habana Abierta en esa fiesta, la sonrisa de Dalia por la locura que me invadió al escuchar ese ritmo tan poderoso, el camino a su hotel para buscar una botella de tequila que ella se moría por beber y luego.... tomando tequila en el malecón, en medio de una multitud de gente que cantaba y bailaba, Dalia sonriendo, moviendo su cuerpo al ritmo de la música, si parar... la rumbera mayor... y allí las imágenes se hacían confusas, que cagada.

Yo estaba hospedado en Centro Habana, Dalia estaba en Vedado. Mientras me dirigía allí las calles de La Habana con su gente, sus colores, sus sonidos, y sobre todo sus mujeres y su forma de caminar, reproducían en mi cabeza ésta canción que había descubierto la noche anterior y que sentía que era el ritmo de La Habana:

ARROLLANDOHABANA ABIERTA


Caminaba y pensaba: "Que ciudad tan sonora es La Habana". Los sonidos llegaban sin cesar: música en las casas, música en los autos, la música del mar y la sonoridad musical del habla habanera: "oye, ven aca", a cada rato.

Llegué al hotel. Ella me esperaba en la entrada. La imagen de sus bellas piernas, morenas y delgadas, firmes, fuertes como dos columnas, "como las columnas sobre las que se sostiene el mundo, sobre las que se sostiene mi mundo", me puso a temblar. Sentí un dolor en la parte baja del estómago y una flojera que me acentuó el guayabo. Pero su sonrisa espléndida me hizo sentir un poco mejor y un poco menos asustado. "Mierda, o la enamoro o esta mujer me parte el corazón".

El ritmo desmesurado de la canción de Habana Abierta retumbó con fuerza en mi cabeza: "Vamo arrollando"

Continúa aquí:
La jerga habanera