miércoles, febrero 15, 2006

MILLONARIOS

Mientras lees éste post escucha el canto, de la mayor hinchada de Colombia, la hinchada albiazul:




Dale Embajador... quiero salir campeón...
Millonarios te agradezco por esta pasión
Cuando juntos demos la vuelta
azul y blanco vestirá Bogotá...



Me invitaron, por fin, a jugar fútbol el domingo. Acepté, por supuesto, aprovechando además que el invierno se aleja y la temperatura ha subido un poco. Me invitó Sergio, un gran amigo sevillano que conocí la primera vez que estuve por tierras europeas, hace unos años. Como faltaban dos jugadores invité a mi amigo Guarrax, otro bogotano, con quien comparto el piso en el que vivo.

La emoción de jugar fútbol de nuevo me motivó a alimentarme bien el fin de semana, a no salir y a prepararme, en la imaginación, para realizar jugadas espectaculares. Creo que todo futbolero, gran amante del fútbol, como yo, tiene esa manía. El lío es que en la realidad las cosas salen de otra forma.

Así que el viernes solo salí un ratito con algunos amigos de la colombianada colombiana madrileña, me tomé unos cuantos vinos y unas deliciosas tapitas y me recluí a leer un poco. Guarrax, que no es tan futbolero como yo, se metió una tremenda rumba el viernes (que repetiría el sábado), e incluso llegó a afectar mi monástico estado ya que regresó acompañado, y el traqueteo de la cama contra la pared y los gemidos de ellas y los estertores de él me impidieron conciliar el sueño profundo.

El sábado me encerré a leer, a revisar algunas cifras, a escribir y a navegar por el mar ilimitado de internet. Sin embargo no podía concentrame, estaba intranquilo, inquieto. La razón era una: ese día jugaba Millonarios su primer partido del 2006 contra el Deportivo Pasto en el Campín. Que dolor no estar en el estadio, que nostalgia, que envidia de aquellos que irían al Campín a alentar al equipo más grande de Colombia. Para aliviar el dolor me puse a escuchar a todo volumen estos cantos que ahora les presento y rememoré algunas de las inolvidables tardes que pasé en el estadio. En la soledad de mi piso canté a todo pulmón este emocionante canto, acompañado por las furibundas voces de la hinchada albiazul, la mejor de Colombia, el Canto Embajador.

Quería estar despierto y seguir el partido por internet, pero no fue posible, caí dormido como a las once de la noche, cuando en Bogotá serían las cinco de la tarde. Los golpeteos en la pared y los gemidos de la conquista de turno de Guarrax me despertaron como a las cuatro de la mañana. En otras circunstancias eso me habría irritado (no sólo por despertarme, sino por lo incómodos y sugestivos que son los gemidos de placer femeninos cuando no es uno el que está ejecutando la faena), pero ésta vez no. De inmediato me puse de pie y consulté internet: con emoción leí, una y otra vez, que Millonarios ganó uno a cero, con gol de Fernández. Que alegría Dios mío, alegría infinita, como dice la canción. Salté y grité emocionado. "Ganamos, hijueputa!!!!!", repetí muchas veces. Sentí una felicidad tan grande que tuve ganas de ir a contárselo a Guarrax y a su nena y a decirles que saliéramos a celebrar, pero ellos seguían en pleno jadeo. Era mejor no molestar.

Pletórico de emoción, tuve que contener el volcán de euforia que salía de mi pecho y descargarlo en éstas líneas, que ahora escribo. Imaginé en mi mente el gol de Fernández, de tiro libre. Recordé que en una de las tantas veces que fui al estadio había grabado, precisamente, el gol que Fernández había hecho el año anterior, también contra el Pasto. Casi no lo encuentro, entre los cientos de recuerdos que me traje, pero para mi tranquilidad y felicidad lo encontré. Y aquí se los tengo. Para que se emocionen los queridos lectores de corazón albiazul, (y los que no son de corazón albiazul, para que se contagien de ésta pasión), les presento el sonido, tomado en directo desde la tribuna, de ese maravilloso gol (mientras escribo ésto escucho el gol y las manos me tiemblan).

EN PRIMICIA MUNDIAL, PARA TODO EL PUBLICO FUTBOLERO Y NO FUTBOLERO DE BOGOTA Y DEL MUNDO, PARA QUE LOS HINCHAS DE MILLONARIOS DE BOGOTA, Y EN ESPECIAL LOS HINCHAS ALBIAZULES DE LA DIASPORA, LO ESCUCHEN Y SE EMOCIONEN UNA Y MIL VECES MAS, LES PRESENTO ESTE GOL DE MILLONARIOS, EL EQUIPO MAS VECES CAMPEON DE COLOMBIA, ANOTADO POR GABRIEL FERNANDEZ EN EL ESTADIO EL CAMPIN:





¡¡¡GOL DE MILLONARIOS!!!

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No podía empezar de mejor forma este domingo, día de mi regreso a las canchas de fútbol, después de tres meses (el último partido que jugué fue con el equipo de la empresa donde trabajaba, y fue en noviembre) y mi primer partido en tierras europeas después de tres años.

Soy hincha de Millonarios. Hincha de verdad, no simpatizante. Desde hace unos diez años voy siempre al estadio a ver a Millonarios. Voy desde el día en que me dí cuenta que, ya que no pude ser el gran jugador del glorioso albiazul que siempre soñé ser, sería un gran hincha. En éstos mas de diez años he pertenecido a algunas barras y presencié el nacimiento y consolidación de la barra más grande que hay en Colombia: los Comandos Azules, desde que eran unos cuantos que no paraban de saltar y cantar durante todo el partido en Oriental hasta la multitud que son hoy en Altas Norte.

También he sufrido el dolor y la frustación de la derrota, casi veinte años si ser campeones, los robos de los árbitros, las vendidas de los equipos (como lo hizo el Junior en el 97, que le puso el trasero al Bucaramanga y se dejó meter cuatro goles, para sacar a Millos... claro, hay que recordar que el dueño del Junior y el del Bucaramanga son la misma persona), las afrentas, burlas y ofensas de los hinchas de los otros equipos, la maldición de Gacha y el Chiqui, cuyas dos campeonatos turbios nublaron el cielo azul, pletórico de estrellas... y lo peor: el robo de los dirigentes que han dejado el equipo casi a punto de desaparecer.

Aquí, entonces, quiero presentarles éste canto que entonamos con furia y dolor en el Campín, canto para los dirigentes, que ojalá escuchen los dirigentes, para que sepan lo que les corre pierna arriba si siguen saqueando las arcas de mi Millitos del alma. Les presento este canto, entonado con el corazón, con la rabia del hincha fiel que ve cómo unos pocos acaban con una institución del fútbol colombiano: Sentimiento Millonarios.





Si siguen robando... la vida están arriesgando
es una amenaza.... ¡¡¡SENTIMIENTO MILLONARIOS!!!

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He entonado éste canto con lágrimas en los ojos, con rabia y dolor, cuando he visto caer a mi equipo, impotente, con jugadores mediocres enfundados en la gloriosa casaca albiazul, con jugadores sin amor al equipo, jugando sin alma, sin huevos, sin coraje, con tanto tronco desfilando por la institución mientras los dirigentes se llenan los bolsillos y dan explicaciones imbéciles. Algunos de ellos, ex-políticos sinvergüenzas venidos a menos, que vieron en Millonarios la última oportunidad de llenarse los bolsillos. Ellos han robado al equipo, nos han robado a los hinchas que domingo a domingo asistimos al estadio, pagando la boleta, para salir con la frustación de la derrota. Pero eso no va a durar, y los dirigentes ladrones tendrán que devolver peso a peso lo que se han robado.

Hoy en día lo mejor que tiene Millonarios es su fiel hinchada, su empuje, aliento, fuerza espiritual, serán fundamentales para que el equipo más veces campeón de Colombia vuelva a ser lo que fue. La esperanza y la ilusión crece cuando se ve en el horizonte la posibilidad de que los hinchas seamos dueños del equipo, de que participemos en la elección de las directivas, de que tengamos derecho a exigirles resultados, porque ellos, los dirigentes, son los máximos responsables de las instituciones.



Cuando, en la empresa privada, no se producen resultados, el máximo responsable es el Gerente, la cabeza de la organización, así mismo tiene que suceder en el fútbol (y en la política, por supuesto). Así tiene que ser. El equipo tiene que ser de los hinchas, que son quienes dan vida a la institución, y Millonarios es, de lejos, el equipo con más hinchas en Colombia, los suficientes como para comprar acciones y pagar la deuda, fruto de los robos y las malas administraciones. Esa es nuestra esperanza y ese el motivo de nuestra lucha por democratizar el equipo, lucha que no cesará hasta lograrlo. Y de seguro volverá a ser Millonarios la gran institución que fue en el pasado.

Como un homenaje a la mejor hinchada de Colombia, les presento éste canto, La barra del aguante.

El domingo llegó, a las doce del día estábamos en la cancha. Saludé eufórico a Sergio, gran amigo, gran ser humano. No conocía a los demás jugadores. Aquí se juega algo parecido al microfútbol, pero con un balón más grande, que rebota, que por aquí llaman fulbito, y que en el medio futbolero oficial se llama Fútbol 5. Se juega con equipos de cinco personas. Nos repartimos y empezamos a jugar. Guarrax, que estaba hecho mierda, pidió el arco. Yo sabía que mi cuerpo no iba a responder bien, pues con seguridad había perdido estado físico.

Los del otro equipo jugaban bien, triangulaban y la metían. Le hacían unos disparos potentísimos al Guarrax, me sorprendió que el hombre tenía reflejos y se tiraba al piso, como un experimentado arquero. Y claro, salía con la pelota a jugar. "Higuita", le gritaban, riéndose, los otros colegas, que eran españoles (no hay que olvidar que Higuita jugó en Millonarios). En una de esas tomé la pelota, la pasé a Sergio, que me la devolvió, en una pared perfecta, disparé pero el arquero la sacó al costado. Se ubicaron todos para cubrir el saque de banda, yo me hice atrás, estaba descubierto. Sergio sacó, me la pasó y yo le metí un cabezazo con el alma. ¡¡¡¡Gol!!!!, abrí el marcador, mi primer gol en Europa en el 2006, que bueno. Se lo dediqué a mi madre, cómo no, y a Millitos de mi alma. Luego... me cansé y pasé al arco.

Mientras me recuperaba bajo los tres palos y veía que mis compañeros habían bajado el ritmo, a tal punto que tuve que soportar sendos taponazos que me inauguraron como arquero (tapaba sin guantes), recordé el canto que entonamos cuando los jugadores de Millonarios no le meten los huevos a los partidos, aquí, para que lo escuchen: Movete Millos.

Al final ganamos 10 a 5. Después del partido, en la mejor tradición futbolera bogotana, nos fuimos a tomar unas cervecitas y a comer algo. En realidad estoy seguro que esa sana costumbre de tomar cerveza después de jugar fútbol no es algo propio de nuestras tierras, viendo el empeño que aquí en España le ponen a éstas fraternales reuniones, estoy seguro de que es algo que nació por aquí.

La reunión fue muy agradable. Poco después llegó otro amigo de ellos, con unas chicas, muy simpáticas, que nos miraban a Guarrax y a mí con curiosidad. El tema de conversación, por supuesto, era el fútbol. Se formaron grupos, yo escuchaba a tres colegas, dos madrileños y uno sevillano, que hablaban de las formas de cultivar marihuana y del cuidado que hay que tener con la policía. Hice un comentario, sobre la deliciosa y económica marihuana bogotana, y como me suele suceder, no entendieron ni la mitad de mi jerga bogotana. Entonces uno de ellos, el sevillano, me pregunto de dónde era. "De Bogotá, Colombia", dije. "¡¡¡De Bogotá!!!... mi madre vivió en Bogotá", dijo, emocinado. Me contó que su madre estuvo en Bogotá en los años 60, trabajaba en el aeropuerto. Allí conoció a su padre, un empresario de toreros, que vivía encantado con Bogotá. Que su madre estuvo hace como dos años en Bogotá, "y como le pareció?", le pregunté. "Llegó encantada con vuestra ciudad". "Claro, por supuesto", le dije, "Bogotá es la ciudad ejemplo de Colombia". "¿Y de que equipo eres hincha?", me preguntó. "De Millonarios, el más veces campeón de Colombia". "¡¡¡De Millonarios!!! ¡¡¡¡donde jugó Di Stéfano!!!!". En ese momento el hombre se armó un porro y lo empezó a rotar.

En mi cabeza empezó a retumbar éste canto, que lleva la música de un gran cantante, poeta y marihuanero, que por aquí es adorado por el público, Andrés Calamaro. Este canto es Hay que salir campeón.

Me emocionó encontrar a alguien que sabía de fútbol, que sabía que en Millonarios había jugado uno de los tres grandes jugadores de la historia del fútbol (al lado de Pelé y Maradona). El colega, que se llamaba Arturo, me contó que su padre sólo le hablaba de Millonarios cuando recordaba sus viajes a Bogotá. Su padre le decía que Millos era el equipo más popular de Colombia. Sin embargo, Arturo me dijo que le parecía curioso que con ese nombre Millonarios fuera el equipo del pueblo. Yo le corroboré ésta información, con un poco de historia: Millonarios fue el primer equipo que tuvo Bogotá, en sus comienzos, a finales de los años 30 del siglo pasado, se llamaba "Deportivo Municipal", y era el equipo de las multitudes, de la gente del pueblo. La gente le decía "Los Millonarios", por las contrataciones que traía. Unos años después, cuando se consolidó, fue llamado "Club Deportivo Los Millonarios".

Por ésa misma época, los señoritos capitalinos, estudiantes del prestigioso Gimnasio Moderno (donde ha estudiado la élite bogotana, de sus aulas ha salido un expresidente) fundaron el "Deportivo Independiente Santafé", que se volvió, desde sus comienzo, por sus orígenes, el equipo de la gente bien bogotana. Así que ese cuento de que Santafe es el equipo del pueblo es una falacia. EL EQUIPO DEL PUEBLO ES MILLONARIOS, y aquí lo escribo para que lo sepan los santafereños. Que hasta mas de uno se ha atrevido a decir que Jorge Eliécer Gaitán era santafereño. Falso y mentira: Gaitán era de Millonarios, como lo era la inmensa mayoría de bogotanos y colombianos. Un dato más: Millonarios lleva mas gente al estadio que Santafé, lo que da un indicio de la popularidad del equipo en Bogotá.

Le conté a Arturo que por Millonarios han pasado los mejores jugadores colombianos de la historia, los que han sacado del anonimato al fútbol colombiano: Willington Ortiz, el Pibe, Iguarán. Y también Higuita y Córdoba. E inolvidables como Vivalda, o Juan Gilberto Funes, el Búfalo de San Luis. Y muchos más. Parece, incluso, que para que un jugador sea grande en Colombia, tiene que enfundarse la casaca albiazul. Millonarios, además es el equipo más veces campeón, más veces subcampeón, el más goleador, ostenta los records de vallas invictas (1024 de Otoniel Quintana) y que en mas del cincuenta porciento de los campeonatos ha terminado en los tres primeros puestos. Que se aburrirían si me pongo a enumerar tanta gloria.

También le conté las heróicas gestas de Millonarios, con Di Stéfano en sus filas. "Nosotros somos el único equipo colombiano invicto en el Bernabeu", le dije, "es más, ningún otro equipo colombiano ha jugado en el Bernabeu, en su momento Millonarios fue considerado el mejor equipo del mundo... y volverá a serlo, CUANDO LOS HINCHAS TOMEMOS EL CONTROL DEL CLUB". "¿Y tu vas a ser presidente de tu equipo?", me dijo. "Claro, hijueputa, y vamos a ganar la Libertadores y volveremos por aquí, a pasear de nuevo al Real Madrid y al Barcelona y al que nos pongan enfrente", le dije, en el más puro dialecto bogotano, embriagado por la emoción, por la cerveza, por el porro, por el triunfo de Millonarios la noche anterior. Todos se reían, Sergio me daba palmadas en la espalda y les decía "tened por seguro que este tío habla en serio y que cumplirá lo que os está diciendo". Guarrax, cagado de la risa también, decía "que vá, éste tío siempre ha hablado mucha mierda".

Aquí enarbolo éste canto, con el que me he pelado la garganta, gritándolo a todo pulmón en el estadio, con mi alma albiazul palpitandome en el pecho, Vamos, vamos Millonarios:






¡¡¡Vamos, vamos Millonarios vamo a ganar!!!
Que ésta hinchada no te deja de alentar

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Arturo me contó que era hincha del Sevilla. Le recordé que en el estadio Sánchez Pizjuán, donde juega el Sevilla, y precisamente ante ese equipo, Millonarios se proclamó campeón de la copa "Bodas de Oro" del Real Madrid. Brindamos por eso. "Los sevillistas son muy afortunados", le dije, "en el Sevilla jugó Maradona". Arturo se emocionó. Me dijo que tuvo el privilegio de ver a Maradona en acción. Presenció un baile que Maradona le pegó al Real Madrid, una de las pocas veces que jugó bien con la camiseta del Sevilla. "Uau... " respondía yo, asombrado e hipnotizado por su relato. Me contó también algunas anécdotas de Bilardo, cuando fue técnico del Sevilla. Unas cagadas ni las hijueputas, dignas de un técnico brillante pero cochino como el Bilardo, que por ganar siempre hizo hasta lo impensable. Que excelente esa conversación futbolística.

Ya llevábamos tres cervezas, y con el porro, la cabeza me daba vueltas. Era un poco tarde y tenía que ir a casa a escribir. Agradecí al cielo ese día tan maravilloso, ese fin de semana tan increíble. Me despedí, con un gran abrazo de Sergio. Guarrax, que se estaba ligando a una de las chicas, se quedó. Yo me fui, estaba exhausto. Llegué a mi casa a terminar de escribir este post tan extenso, pido disculpas por eso. Espero que lo lean, que no se aburran con el relato.

Me despido con otro canto, dedicado a toda la hinchada que llenará cada fecha el Campín. Un canto de fraternidad albiazul: La banda de Millos.

Finalmente, desde aquí envío un saludo a la gente más valiosa de Millonarios: sus hinchas, y a un hincha muy especial, apasionado por Millonarios y por los Comandos Azules, que esperamos algún día juegue en el equipo, y a quien los hinchas albiazules le deseamos una pronta recuperación: Radamel Falcao García.

miércoles, febrero 01, 2006

CINE SUBTERRANEO

Uno de los agradables pasatiempos que he podido reproducir aquí, tal como lo hacía en mi amada Bogotá, es ir al cine. No de de la misma forma, por supuesto, ya que mi cinefilia en Bogotá adquirió una meticulosidad ritual que fue un gran alivio para las tensiones del trabajo. Muchas veces llegaba a casa exhausto, con la cabeza hecha un lío, y para despejarme simplemente me fumaba un baretico y me iba a cualquier cine donde dieran algo atractivo. Y en mis horas de navegación pirata en la red intentaba estar al atento de las novedades cinematográficas. Infelizmente aquí en Madrid la deliciosa marihuana bogotana brilla por su ausencia, afortunadamente no ocurre lo mismo con el buen cine.

Aquí he podido ver algunas de las películas del director de moda, el coreano Kim Ki-Duk. Su película La isla causó gran impacto en el festival de Venecia, en el 2000, y desde ese momento la atención del mundo cinematográfico empezó a indagar en su filmografía y a recibir con expectativa sus producciones cinematográficas. Su película Bad Guy fue considerada una de las mejores cintas exhibidas el año pasado en países con públicos exigentes y tradición cinéfila como España y Cuba. En algunas entrevistas Kim Ki-Duk ha hecho afirmaciones maravillosas para cultores de los mundos subterráneos, como yo: "Siempre me he sentido un fuera de la ley que se niega a colaborar con el sistema". Esta estupenda sentencia define sus películas. Simplemente contundente.

Por ésta y muchas razones más me moría de ganas por ver sus películas, no sólo por los comentarios que había leído, también por el auge del cine asiático, que en los últimos 5 años ha revolucionado la industria audiovisual. El cine de terror japonés prácticamente se ha tomado a Hollywood, que incesantemente hacen remakes agringados de películas impresionantes como "The ring" o "El grito". Directores como Hideo Nakata o Takeshi Mike han sido descubiertos con asombro por las grandes productoras norteamericanas y así, de rebote, han llegado a nuestro país. Y desde luego ya se los han llevado a Estados Unidos a dirigir. Personalmente debo confesar que las películas de Takeshi Mike, en especial la famosísima Audition, me han impresionado hondamente por la forma novedosa, estremecedora y verdaderamente aterradora con la que ha renovado el cine de terror. Recomiendo sus películas a los amantes de las estéticas subterráneas.

Una cosa que me sorprende de los directores asiáticos es su exagerada producción anual, son asombrosamente prolíficos, algunos llegan a hacer hasta tres películas al año. Para un occidental es bien difícil seguir de cerca su trayectoria artística, yo me pregunto ¿cómo lo hacen?.

Pero no sólo de Japón ha llegado esa oleada de cine. Hong Kong se ha posicionado como el primer país del mundo en producción cinematográfica. De allí provino, quince años atrás, la primera gran invasión oriental. Allí se forjó el hoy aclamado Ang Lee, director de Brokeback Mountain. Allí se formó también Wong Kar-Wai, director de culto con una larga cola de seguidores. Y sigue al acecho el poderoso cine chino con la famosísima dupla, egresada del Instituto de Cine de Pekín, Chen Kaige y Zhang Yimou. La rivalidad entre éstos dos directores es épica y daría para un post, sólo quiero anotar que en la actualidad Zhang Yimou es considerado por muchos críticos como el mejor director de cine del mundo, en especial por sus películas de los años 90, que son simplemente soberbias. Tarantino, gran admirador del cine oriental, tiene a Yimou como uno de sus directores favoritos, a tal punto que produjo una de sus últimas películas: La Casa de las Dagas Voladoras. Chen Kaige, por su parte, trabaja hoy en día en Estados Unidos.

Por aquí se entregaron los premios Goya, cuya película ganadora, La vida secreta de las Palabras de la catalana Isabel Coixet, no he visto aún. En medio de tanta premiación, ya que días antes se habían entregado los Globos de Oro, y precisamente un día después de la entrega de los Goya se anunciaron las candidaturas a los Oscar, me dí a la tarea de escoger la mejor película del 2005, bajo los criterios de la estética subterránea que con ahínco pretende rescatar Bogotá Subterránea. No fue difícil la selección. El filme que más me impresionó en el 2005 fue una película colombiana: SUMAS Y RESTAS.

La ví unas cinco veces. Invité a cuanta amiga pude a verla. Es una película de verdad impresionante. Es la mejor película colombiana de los últimos años. Si las películas de Kim Ki-Duk han causado furor, no me explico que pasará cuando la crítica especializada del mundo logre entender lo que significa Sumas y Restas.

Su excelente guión, bien construído, se hace complejo al extender los lazos interpretativos y relacionarlos con la realidad colombiana. Pero aún sin hacer éste ejercicio la película muestra en todo su esplendor las oscuridades del ser humano y las pervesidades de los valores morales que se han impuesto en la vida posmoderna. Desde un punto de vista universal, la aventura de Santiago es una metáfora más de la sociedad occidental, que ha vendido su alma al dinero y que quiere acharcar a un pequeño grupo de países con dirigentes sin personalidad (como el nuestro) la culpa de un fenómeno mundial, derivado de la revolución industrial y de la deshumanización y el vértigo de la insaciable dinámica económica mundial. Y también resume una verdad aún no reconocida por la sociedad occidental: que la riqueza de los negocios ilegales van, finalmente, a engrosar los bolsillos de los grandes y corruptos adinerados del mundo, es decir, banqueros, industriales, políticos y demás.

Las escenas en las que Santiago, el Duende y Gerardo consumen bazuco y cocaína son espeluznantes y diabólicas, impresionantes. La misma realización y el montaje llevan al espectador a sumergirse en ese viaje embriagador y en apariencia placentero. La tensión de la película va en aumento y si en un principio se puede sentir cierta complicidad con los personajes, en las rumbas rodeados de espectaculares mujeres semidesnudas, poco a poco todo se vuelve una pesadilla. La secuencia de la competencia en la piscina, semi llena de agua-mierda (como diría Vallejo), en la que las mujeres se lanzan en pos del premio, un super automóvil, es apoteósica. La imagen de la chica ganadora, con la cabeza sangrando, que sonríe mientras es felicitada, es una joya del cine mundial.

Desde una perspectiva más local Sumas y Restas no deja de ser incómoda para nuestra sociedad, que sigue embriagada por la cultura del dinero fácil. Mucho menos para la sociedad antioqueña, que auto-maquillada bajo el discurso de poseer una "cultura del trabajo" creó un monstruo de mil tentáculos que hoy se asoma poderoso sobre el país, representado en quien, en aquellos años, fue director de la Aeronáutica Civil, en los días en que Pablo Escobar coronó la mayor cantidad de viajes posibles de sus avionetas cargadas de coca, que regresaban igualmente cargadas de dólares, los cuales iban a parar a las arcas de las más prestigiosas y orgullosas familias antioqueñas, entre las que despunta el apellido Uribe.

La sociedad colombiana, embriagada de nuevo por la legitimación de las fortunas de los paramilitares, que han inflado una vez más nuestra economía, parece no querer ver que la historia se repite. Como Santiago, nos veremos asaltados hasta por nosotros mismos y no podremos hacer otra cosa más que llorar en un amanecer, con el guayabo en la cabeza y el agrio sabor del perico en la nariz y en la lengua reseca, sin saber en que momento terminamos metidos en ésto. Como Santiago, nos veremos obligados a entregar a los privilegiados de siempre, a quienes la justicia jamás toca, hasta las propiedades de nuestros padres para librarnos de ése infierno.

Me sorprendió que Sumas y Restas no estuviera nominada al Goya. Me sorprendió aún más que una mala película como Rosario Tijeras lo estuviera. Pero aún más sorprendido quedé cuando me enteré que la Dirección de Cinematografía no la propuso como candidata por Colombia a los premios Oscar. Tal vez faltan mejores productores en nuestro país que den a conocer producciones cinematográficas como las de Víctor Gaviria, quien es, de lejos, el mejor director de cine colombiano, muy por encima de Sergio Cabrera o Jorge Alí Triana, a quienes tanto daño les hizo la televisión.

Hay que añadir, además, que Víctor Gaviria trabaja con actores naturales, en la mejor tradición del neorrealismo italiano, pero muy a la colombiana, y muy alejado del faranduleo televisivo que tanto nos agobia. Las actuaciones son impresionantes, a tal punto que se tiene la sensación de estar asistiendo a una especie de documental. Los personajes de Santiago y Gerardo, interpretados por Juan Uribe y Fabio Restrepo, ocupan un lugar de honor en el escaso panteón de personajes memorables del cine nacional. Gaviria participa con ellos en la construcción del guión, en un proceso creativo enriquecedor y vanguardista.

Es, de verdad, un director de cine que ha desarrollado una estética propia, un universo cinematográfico sin concesiones con la patética noción de la "imagen del país", que ha rescatado del anonimato personajes que jamás hubieran llegado a nosotros ni por la televisión, ni por la prensa, ni por la literatura, como los ya mencionados Santiago y Gerardo, o como Rodrigo D o la Vendedora de Rosas. También aborda una temática sin concesiones con el hipócrita orgullo paisa, que vive embriagado en el ego, en el autoelogio sin cuestionarse la realidad y la situación de injusticia social y de precariedad que se vive en sus comunas. Sin una autocrítica seria no hay sociedad que avance.

Hago entrega, entonces, del Premio Cacique Guatavita a la mejor película exhibida en las salas de cine bogotanas en el 2005 , otorgado por la bitácora Bogotá Subterránea, a Victor Gaviria y a su película Sumas y Restas.

La estatuilla:

El Director, sonriente, recibe el premio.


Suena: unos emotivos aplausos.
El Pirata y los lectores aplauden, emocionados.