viernes, septiembre 23, 2005

EQUINOCCIO: RELATO DE UNA TOMA DE YAGÉ

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Ayer 22 de septiembre comenzó el equinoccio, éste período de transformación, de transición que sufre la tierra durará unos días. 

En el hemisferio norte comienza el otoño, por eso lo llaman equinoccio de otoño, en el hemisferio sur comienza la primavera, por eso allí es el equinoccio de primavera. Nosotros, que estamos en la zona tórrida, en la mitad de la tierra, vivimos estos cambios de una forma diferente. A medida que nos acercamos a las fronteras de los trópicos estos cambios son mas perceptibles. Hay dos equinoccios al año: en marzo y en septiembre. La tierra tarda un año en darle la vuelta al sol, los equinoccios marcan este camino y lo divide en dos, entonces el camino que emprende la tierra en cada uno de estos trayectos es diferente y nos afecta, como a todos los seres vivos que habitamos éste planeta.


El equinoccio de marzo lo recibí en una celebración muy especial: los dioses pusieron en mi camino una invitación a tomar yagé. 

Fue un viernes. Ese día trabajé hasta tarde. Como a las ocho me llamaron para confirmar. Había pensado en invitar a Arianita, una compañera muy simpática, que tiene buena energía, ya le había hablado del asunto. Si ella tenía voluntad, pues había llegado el momento de que la plantita le llegara. Me dijo que no... le daba miedo. Bueno, ya llegará el momento. Desde días anteriores me dispuse para la toma, comí comidas ligeras, estuve tranquilo, me preparé física y espiritualmente. Afortunadamente esa semana en el trabajo todo estuvo muy bien, muy satisfactorio el laburo, como dicen en el sur del continente. Entonces todo bien.

La toma de yagé se iba a hacer en Guatavita.

Se realizaría en la casita de Jorge, el man que organizaba la celebración. La casita queda en la montaña Chibchacum, al lado de la Laguna Sagrada. La sabana de Bogotá es muy agradable, viajar por ella es muy fácil. El trayecto es muy tranquilo, además salir de la ciudad es refrescante para el cuerpo, para el espíritu. Mientras me dirigía allí pensaba en la toma, queria sincronizarme para este nuevo encuentro con la realidad total de la existencia, con las otras dimensiones energéticas, con la totalidad.

Llegué casi a la once. Ya iban a empezar, el Taita estaba descansando, cuidando a su pequeño hijo, un niñito, que estaba enfermito. Había sólo cinco personas. Las otras veces habían sido grupos de veinte, de cuarenta, bastante gente descargando energía, pero habían sido experiencias muy buenas. En realidad no esperaba que ésta toma fuera buena, a estas alturas espero que el yajé me siga enseñando de la forma que sea, así sea con dolor, el dolor ayuda a que uno se haga mas fuerte, aunque no es fácil, hay que saber sentirlo, entenderlo, manejarlo con serenidad, entregarse de verdad al viaje, abrir el entendimiento a la realidad absoluta donde somos energía en permanente intercambio con nuestro alrededor. El amor es una forma de energía, la más bella porque es la que se acerca al equilibrio perfecto, por eso el amor nos hace sentirnos vivos, nos regala la vida.

Conversamos un poco. Nos calentábamos alrededor de la fogata, hipnotizados, viendo el fuego. Eramos cuatro hombres y una chica, una peladita, jovencita. Uno de ellos era Juan Carlos, un man bien bacan que había conocido en las otras tomas. El otro se llamaba Alfredo, a quien no conocía, callado el hombre. Y estaba Jorge y estaba yo, y el Taita, claro. Como a las once y media entró Jorge a la casa, salío al rato y nos dijo que ya íbamos a empezar. Entramos. El Taita es un man bien bacan, muy simpatico, (todos los taitas que he conocido son manes bien simpaticos, bien bacanes) salío ya con su atuendo, su penacho de plumas multicolores, hermoso, y sus collares. Salió sonriente y nos saludó. Como ya nos conocíamos pues todo bien, me miraba y se reía pues ya había estado en otras tomas con él.

Empezamos la ceremonia. 

Nos llamaron uno por uno. Me tocó el tercer turno. El yajé estaba bravo, más fuerte que la otra vez. El yajé me sabe como a un vino tinto fuerte, rancio, un poco avinagrado. El trago es fuerte, pega duro en el cuerpo, como cuando uno se toma un guaro bien bravo, que entra en reversa, como dicen. Este yajé se sentía fuerte, el viaje iba a ser duro. Nos quedamos un rato en el cuarto, respirando pausadamente, preparandonos para el viaje en silencio, esperando, meditando, conversando con la planta, con los dioses, con dios que es el Gran Espíritu.

Primero salió Alfredo. Esperé un momento y salí. Me acerqué a la fogata que estaba un poco alejada de la casa. La casa queda en una ladera, en un lugar bello, tranquilo. Alfredo estaba sentado al lado del fuego, que se apagaba. Me puse a encenderlo, a soplar, a acomodar leños. Alfredo sólo yage ayahuasca ceremonia toma equinoccio chaman toma jacanamijoy blog colombiamiraba. Yo sentía el yajé en mi panza encontrándose con mi cuerpo. Al momento Alfredo empezó a vomitar. Se alejó de la fogata. Llegó la chica, sonriendo. Yo ya empezaba a sentirme raro, ya se avecinaba la vomitada. La chica estaba tranquila. Me senté un rato, con la leve fogata que había encendido respirando pausamente y preparando el cuerpo. La chica me hablaba, me sonreía. Le pregunté si sentía algo, me dijo que nó. Conversamos un poco, a mi se me bajó un poco la maluquera. Me puse a ayudarle a encender la fogata. Soplé y sople y traje leños, intentando revivirla. Ella se sentó entonces, me miraba y sonreía. En ese momento me llegó la maluquera. Salí corriendo y vomité lejos, en medio de la oscuridad. Vomité fuerte, dolió un poco, de mi cuerpo salió todo. De una empezó el viaje, el yajé estaba fuerte. La voz de la creación se abrió ante mí y empecé a ver y escuchar a todos los seres, a ver las energías alrededor, mezclándose, confundiéndose. Muy bien, muy hemoso. La planta me hablaba, respondía mis preguntas, me llevaba por el conocimiento. Recibía mil sensaciones, una descarga fuerte ante la inmensidad de la naturaleza. Somos parte infima de ella, infima pero importante, porque los seres humanos, los animalitos, los árboles, las flores, todo, todas las entidades vivas somos iguales, interactuamos, todos somos importantes porque somos energía y la energía no se crea ni se destruye, se transforma. Nosotros somos unos de los seres más frágiles de la naturaleza, pertenecemos a ese todo que se llama vida, la vida que llegó de otros planetas a este planeta hermoso que se llama tierra. Nuestra labor es poblar de vida éste y muchos planetas más, pero eso sucederá mas adelante, mucho mas adelante. Poblar de vida y de esa energía suprema que se llama amor El brillo de las estrellas es el brillo de la vida, en todas las estrellas late la vida, que tiene mil formas, que nosotros sólo podemos percibir parcialmente pues nuestro entendimiento es limitado.

El yagé limpia el cuerpo, es decir, uno vomita y caga. 

Cuando expulsé la mierda sentí mi cuerpo limpio, libre, liviano, eso es lo mejor del yajé, la limpieza es espiritual, pero también la limpieza es física. Tomé por segunda vez. Cada vez el viaje era mas fuerte. Lo maravilloso empezó cuando salió el Taita con su armónica a embrujar la noche, a hacer sonar ese sonido maravilloso en toda la montaña, a conversar con la creación en ese lenguaje sublime... el Taita salió y empezó a tocar y se expandió una luz opaca suave, que iluminó todo. Yo me acerqué a la casa. El Taita bailaba junto con Jorge y Juan Carlos, quienes también tocaban su armónica. Jorge es un tremendo músico, un talentoso tocado por la mano de dios. También la chica bailaba con ellos, llena de vida, sintiendo la maravilla de la creación, de estar vivo, podía distinguir sus sonrisas, sentir su alegría, bellísimo, buenísimo. Cuando llegué me recosté contra el muro de la casa, observando montaña abajo. Las luces multicolores aparecían y desaparecián, me rodeaban, sentía que todo a mi alrededor estaba en permanente transformación, en una dinámica intensa. Me comunicaba con la creación a través de mi canto de pájaro, como me dijo el Taita.

Recibía respuestas, sonrisas, saludos a través de miles de sensaciones en todo el cuerpo. El perro lobo de las otras veces apareció, vino un rato a mi lado. Es enorme, siempre se sienta a mi lado y me acompaña por un rato durante el viaje, yo le acaricio su pelo abundante, melenudo, aveces me dice cosas, me habla en su lenguaje pausadamente y luego se va. Escuchaba los sonidos, la conversación de todos los entes vivos, ruido que formaba una música maravillosa. Jorge, Juan carlos, la chica y el Taita bailaron durante mucho tiempo, yo los observé, los escuché, les agradecí su canto, su baile. El Taita bailaba y era un pájaro en vuelo, las plumas multicolores estaban encendidas de luces multicolores. El Taita era el pájaro multicolor de la selva.


Llegó la tercera toma. 

Cada uno se dispersó por la montaña a vomitar, menos el Taita, que permanecía en la casa cuidándonos, guiándonos con el canto de su armónica. Yo vomité rápido, estaba en pleno viaje. Al rato vomitaron los demás, podía escuchar con claridad los estertores de la vomitada de los demás, unos estertores fuertes que parecían rugidos de animales. Por más experiencia que uno tenga con el yajé siempre las vomitadas son bravas. Ya después de la segunda vomitada escuchar los ruidos que se producen causa risa, porque son ruidos profundos, que retumban, y luego el alivio se siente mayor.

De nuevo me recosté en la pared de la casa. Ellos volvieron a tocar, a unirse al Taita y a bailar. Yo recostado en la pared estaba en la turbulencia, en la parte mas fuerte del viaje, el yajé me decía muchas cosas, me mostraba muchas cosas, aveces dolorosas, pero al final eran siempre buenas pues era la belleza de la vida, de la lucha espiritual constante por lograr lo que se sueña, estaba ante ese hecho extraordinario de ser parte del todo, de la creación, de compartir con la gente, de vivir, compartir con el otro como lo que somos: seres humanos llenos de luz, que llevamos dentro mundos maravilloso.


Todos somos iguales y todos tenemos magia, la vida es un proceso de descubrimiento de esa magia propia que poseemos. 

A mi lado pasaban muchas personas, sombras y manchas de colores me rozaban constantemente, eran los espíritus que iban y venían. Pasaban, se reían, jugaban conmigo. Los espíritus ancestrales son parecidos al Taita, todo el tiempo se están riendo, te observan y se ríen, les parece un juego. También veía animales fantásticos, que existieron hace miles de años, se acercaban, aveces me parecía que me miraban con curiosidad, otras veces sentía que se comunicaban entre ellos, con movimientos y sonidos, y simplemente me ignoraban. Al frente, un poco más abajo, había una gran fogata encendida, veía, a lo lejos, a los espiritus de los ancestros muiscas danzando, en pleno ritual, estaban reunidos, era la gente encantada. Uno de los mayores me hablaba, de pie frente a mí me explicaba cosas. Tenía el rostro pintado, un penacho de plumas multicolor que se perdía en la oscuridad. También escuchaba la voz del Taita, que estaba al lado, hablaba, decía cosas sabias, caminaba de un lado a otro batiendo el sonajero y soplando con gran intensidad, guiando el viaje, conduciendo la toma. En un momento vino a mí a soplarme, a apoyarme. Juan Carlos pasaba y me ofrecía agua, los espíritus pasaban a mi lado y me sacudían, el viaje estaba fuerte, yo sonreía y seguía, convocaba todas mis fuerzas para poder aprender más... se aprenden tantas cosas con el yajé, el conocimiento va y viene y se siente que no se puede retener.

Me decía cosas sencillas, elementales. La tierra está alborotada, la pachamama enfurece, quiere liberar energía para recobrar su equilibrio. La termodinámica explica de forma muy sencilla estos desequilibrios que están ocurriendo. El huracán Rita ataca con fuerza a Estados Unidos, de nuevo la naturaleza golpea queriendo dar una lección más al ser humano. En muchos lugares del planeta mucha gente se reúne a recibir el equinoccio y encontrarse con la naturaleza en todas sus dimensiones, a descargar una fuerte energía espiritual para ayudar a generar buena entropía, o, hablando en términos científicos, reducir el intercambio de entropía a cero. En el viaje sentía a mi lado la conciencia lejana de esas otras personas que en ese mismo momento compartían con la naturaleza en la plena dimensión en otros lugares del planeta. La entropía positiva no existe según las leyes de la termodinámica pero cuando suceden eventos sobrenaturales estas leyes se rompen, o por lo menos se acercan al estado ideal: el equilibrio, la entropía cero. La tierra, entonces, mediante estas descargas de energía quiere equilibrarse, el sobrecalentamiento terrestre ha alterado su equilibrio. La tierra es un organismo vivo, una entidad viva que funciona como un todo de extensos e infinitos vasos comunicantes que se equilibran unos a otros. La tierra pertenece a la realidad absoluta que nos rodea. Todos estamos inmersos en esta estructuras, complejas a primera vista, pero en realidad son bastante cercanas y elementales pues conviven con nosotros todo el tiempo.

Todo empezó a calmarse. El Taita seguía tocando y hablando, siempre diciendo cosas muy sabias, el hombre hablaba iluminado por la planta, aunque el taita siempre habla iluminado. También se reía. Luego entró a la casa, yo me quedé un rato sintiendo la noche, escuchando la música de la naturaleza, entendiendo lo que me quería decir, percibiendo su mensaje. Los demás empezaron a entrar. Me llamaron para la última parte de la celebración, la curación. La curación es una etapa muy intensa y a la chica le pegó fuerte. Cuando terminamos yo me recosté, a descansar, estaba agotado, siempre el cuerpo se sacude, se limpia plenamente, necesita reponerse para ponerse como nuevo.

Al día siguiente regresamos. Mientras los traía a Bogotá el Taita, con el nenito ya repuesto, Alfredo y Juan Carlos dormían. Yo estaba fuerte, conducía tranquilamente, sentía a plenitud la mañana en la sabana de Bogotá, sentía la energía, la mística, la identidad de ésta parte de la Nación Muisca, llena de magia, de una magia que está mas viva que nunca. La Nación Muisca permanece, se repone, se recupera.

Estos seis meses tuvieron cosas buenas y cosas malas, estoy vivo y eso hay que agradecerlo, y aprendí muchas cosas. Formamos parte de un todo vasto que nos supera con creces, eso hay que entenderlo. Hay que ver con sabiduría cosas como la muerte, sufrirla, comprender su dimensión, su significado, así sea doloroso. Vivir ese dolor. Y desde luego: entender esto que es la vida, esto de ser conciencia, entidad viva, ser humano, ser vivo, agradecer la maravilla de sentir sensaciones como el amor, entender lo que son los sentimientos negativos, saber manejarlos, diluirlos.

Hoy llegó el equinoccio de nuevo, hay que realizar un nuevo encuentro con la realidad mas trascendente, con la realidad en todas sus dimensiones, con la creación plena.


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Las pinturas son del pintor Carlos Jacanamijoy. Son imágenes de sus visiones vividas a través de la planta sagrada del Yagé.


martes, septiembre 20, 2005

CUMPLEAÑOS


Después de dos años regresé a Colombia. En aquellos días con la esperanza de los mejores tiempos que vendrían, con la alegría de haber descubierto el mundo, de haberme descubierto a mí mismo, con la felicidad de estar de nuevo en mi tierra, en mi ambiente, en mi atmósfera. Lizinha, con lágrimas en los ojos, me pedía que me quedara, que no me fuera, que nos casáramos para que yo pudiera legalizar mi situación, poder tener un mejor empleo y vivir juntos. Me despedí de ella con un dolor inmenso, pero la decisión estaba tomada, yo sentía una nostalgia tremenda de Colombia, de Bogotá, a pesar de que Rio de Janeiro es una ciudad maravillosa y allí la había pasado muy bien y había vivido cosas increíbles. Extrañaba los cerros bogotanos, mi gente, el acento de las bogotanas, a pesar de que las mujeres cariocas son las mas apasionadas del mundo. Extrañaba hasta el aguardiente, que antes de irme no lo soportaba. Algo me decía que mi camino aún no terminaba.

Llegué. Muchas cosas eran diferentes y había un ambiente de gran tensión por los diálogos de paz con la guerrilla. El reencuentro con los amigos fue grato. La rumba bogotana me recibió con todo su frenesí, y yo que ya venía caliente de tanta rumba en Río pues me entregué a ella con todos los fierros. Las sorpresas vinieron poco a poco: de repente, para algunas de mis antiguas compañeras de universidad (para quienes antes yo era simplemente el mancito buena gente) me convertí en todo un héroe, en una celebridad: que venga baile samba, que cómo es por allá, que como son las garotas... en fin. Muchas se habían casado, unas felices otras no, otras se habían descasado, muchas con hijos, claro, otras ya estaban en la búsqueda del amante, otras en la búsqueda de marido, todas, eso sí, con buenos empleos y con plata. Y claro, ya me miraban con otros ojos, ay Dios, que por eso me metí en líos. Y mis amigos, pues quedaban unos cuantos que me atendieron bien, sobre todo el Juancho, con quien le dí duro a la rumba. Sin embargo aveces sentía que en Bogotá la gente vivía con miedo, yo de eso me había olvidado. De tanta rumba y tantas bienvenidas sólo sobrevivió una botella de aguardiente que guardé en el guardarropa de mi cuarto.

Mucha alegría es verdad, pero por dentro algo se removía. Lo sabía, era el motivo de mi huída: Carolina. El Juancho me contó que había tenido una hija, que ya tendría como año y medio, el papá era un hijueputa que yo detestaba porque me la había quitado (¡qué quitado!, me decia un primo, esa vieja se lo dió a ese man porque quiso, no sea guevón). En las noches me preguntaba como sería la nenita, si sería parecida a ella, las imaginaba a las dos caminando por los parques, a Carolina jugando con su hijita y se me aceleraba el corazón, el corazón que ella había apuñaleado y que con gran dificultad Lizinha había puesto a funcionar de nuevo. Y claro, pensaba en Lizinha, en las noches de pasión, en los amaneceres en Río, desnudos, agotados, en los viajes por el interior durante las fiestas juninhas, haciendo el amor entre el monte, en la aventura en el yate de su amiga mafiosilla, en el regalo que me dió la última noche que pasamos juntos. Algunas veces llamaba a Lizinha y ella lloraba, me pedía que regresara a Río, me decía que las noticias que llegaban allá de Colombia eran terribles, que me fuera a su lado, que me amaba. Yo no sabía cómo explicarle lo que sentía (yo en realidad no entendía muy bien lo que sentía), sólo atinaba a decirle que era la saudade de Colombia, de Bogotá, lo que me había hecho regresar, ella me decía que su saudade de mí era mayor que cualquier otra. Yo no podía hacerle entender algo que tampoco yo entendía. Cuando le mostré a mi primo las fotos de mi estancia en Río me decía que cómo fue que me regresé a éste matadero teniéndolo allá todo. Yo le intentaba explicar, aún así en las escasas veces que veía las noticias o escuchaba a la gente empezaba a entender lo que me quería decir.

Conseguí trabajo tiempo después, mis habilidades con los números me hacían la vida más agradable, me proporcionaban dinero y alivio, a pesar de que tenía que soportar un ambiente de trabajo tan insoportable como el que había vivido antes de irme. Pensaba en Carolina pero no la llamaba. En esos días yo vívía con mi padre, que aún no había muerto. Algunas veces salía de rumba con mis compañeros de trabajo pero me aburría mucho, salíamos a lugares donde ponían una música espantosa: salsa de petardos como Victor Manuel, Gilberto Santarrosa, Rey Ruiz, el Gallo de la salsa, Jerry Rivera, toda esa mierda... no lo soportaba... siempre me iba temprano, salía huyendo de esos lugares. Además de eso, pues mis compañeras eran terriblemente ignorantes, aburridas, sólo hablaban de Betty la Fea, una cosa de verdad lamentable. Algunas estaban buenas, y claro, pidiendo pista, usaban minifaldas cortas, profundos escotes, a ver quién les metía la mano, imagino, cosa que no era difícil porque en esa empresa reinaba un ambiente de promiscuidad enorme.

Yo, juicioso trabajando, lo único que hacía de vez en cuando, y a escondidas, era fumarme mis batericos y nada mas. Hasta que una noche recibí la llamada fatal. Era ella, Carolina. Quise dármelas de duro, pero por dentro sentía que se me derretía todo. Me temblaban las piernas. El nudo en la garganta a duras penas me dejaba responderle. Mejor, así no le demuestro nada, pensaba. Pegado al teléfono fui hacia el guardarropa y tomé la botella de aguardiente, la abrí y empecé a tomar. El guaro me dió fortaleza, me dió serenidad para no pelear, para evitar que los celos volvieran a salir a flote y para no ponerme a llorar. Mis enfermizos celos habían sido la causa de que se dañara la relación, librarme de ellos era una lucha constante en mi vida y casi lo había logrado. Al final, luego de casi cinco horas de conversación, con la botella vacía, quedamos de vernos al otro día en el Parque Nacional.

Todo ese día fue la tembladera total, no sabía si el guayabo era por el guaro o por haber hablado con ella y haber aceptado volverla a ver. Pero tan pronto dieron las cinco salí del trabajo como alma que lleva el diablo. Llegué un poco tarde, había un trancón del carajo en la séptima, todo el tiempo en el taxi viendo el reloj, con el alma que se me salía. Ella ya estaba ella allí. Caminamos un poco, hablamos un poco y no aguanté y le pedí que me mostrara una foto de la nenita. Era igualita a ella, bella la nenita, hay Dios. Fuímos a Barra Café, por la Javeriana. Hablamos frente a frente, al rato ya estábamos tomados de la mano, poco después nos estábamos besando y finalmente llorando, yo como un guevón, claro, llorando con más sentimiento que ella, preguntándole que porqúe había pasado todo así, y ella también llorando, cual telenovela venezolana. Nos fuímos a hacer el amor, cómo no, antes de irnos ella llamó al papá de la niña a pedirle que se quedara con ella. Me sentía raro, pasar de ser El Novio, a ser el mozo.

La verdad es que el embarazo había cambiado su cuerpo, que sin embargo seguía conservando su esplendor, aunque ya estaba un poco magullado. Sus senos estaban mas pequeños, pero su bello culo seguía tan contundente como siempre. Ella me puso contra la pared, me preguntó si las garotas lo hacían bien, yo le dije que sí, me preguntó que si mejor que ella (ella es una gran amante), bueno... si, le respondí. Ella se agachó, me bajó la cremallera del pantalón, me sacó la verga y empezó a chupármela de una forma que me hizo ver estrellas. Ella es una gran amante, de verdad. Hicimos el amor como antes, con intensidad, con la furia de antes, sin condón, claro, ella, como antes, teniendo muchos orgasmos, entre gemidos me pedía que me viniera dentro de ella, y yo después de hacerlo mucho tiempo y aguantar para que ella se viniera más veces, para que recordara, claro, pues me vine dentro de ella y de nuevo me sentí pleno. Y volvimos a estar juntos.

Al día siguiente conocí a la nenita. Cuando llegué a su apartamento Carolina me abrió la puerta. Al momentico apareció una muñequita de menos de metro y medio, caminando a saltitos, que se abrazó a la pierna de su madre. De verdad que la nenita era una muñequita. Algo dentro de mí se transformó, me sentí conmovido.

Mientras dormía a la niña, esa noche, me habló de una fulana que tenía un lío con ella, la fulana le había armado problema y al día siguiente tenían que rendirle un informe a un tal Ricardo, que era su jefe. Que el tal Ricardo era un man superpinta, supergrande que se había comido a todas las compañeras de trabajo, incluída la fulana, y que por eso la fulana creía que le iba a ir bien con el informe y que ella, Carolina, iba a quedar mal. Los celos me invadieron. Me temblaron las piernas, me imaginé lo peor. Muy decentemente, le pregunté si ella también había estado con el tipo. Desgraciadamente al hacerle la pregunta la voz me tembló. Carolina me miró y con cara de aburrida me dijo que si iba a empezar de nuevo con los celos. Yo intenté disimular una falsa sonrisa y le dije que no, que sólo quería enterarme si había pasado algo para saber a qué atenerme. Ella se molestó, me dijo que no. La miré a los ojos, como lo hice en el pasado, a ver si me estaba mintiendo y muchas sensaciones antiguas y olvidadas revivieron dentro de mí. Me sentí fatal. Por primera vez, después de tres años, volví a sentir los celos, un corrientazo me recorrió el cuerpo, un calor me subió a la cabeza y sentí que me pesaba, que se me caía. No puede ser, pensé, si esto de los celos lo había superado. Ni con Lizinha ni con ninguna de las parejas que tuve había sentido eso... ¿porque de nuevo?. Tomé aire y me dije a mi mismo: no, este es un nuevo comienzo, miré a la nenita que ya casi se dormía y me calmé.

Desde ese día todas las noches salía de trabajo y me iba corriendo a ver a Carolina y a jugar con Paula, la muñequita. Los domingos íbamos a cualquier parque, a Salitre Mágico, a Centro Chía, a donde la nenita pudiera jugar y estar con más amiguitos o conocer animalitos. A la nenita le encantaba montarse en el carro, cada vez que llegaba decía: "Bibi, caro, Bibi, caro". Me llamaba Bibi. Esos meses fuí muy feliz. ¿Y el papá de la niña?. El hijueputa se quedó frío cuando me vió en casa de Carolina, unos días después. Nunca le hablé a ese malparido. Carolina me contó que cuando ella le dijo que nosotros habíamos vuelto el man lloró. Como no soy un hijueputa, pues me dió lástima del man, pero como el man me había hecho sufrir al quitarme a Carolina, el pesar me duró poco y pensé: pues bien hecho, que sufra ese hijueputa. Desde luego que Paula, la muñequita, enloquecía cada vez que llegaba el papá, así que siempre evité cruzarme con el man porque me daban celos, no de Carolina, sino de la muñequita, me daba mas bien envidia de ver a la nenita sonriendo tanto cuando llegaba el papá y gritando "papa, papa".

Mi primo me decía que yo era un guevón, que cómo iba a volver con esa vieja que me había puesto los cuernos y tenido un hijo de otro... en fin... que no me confiara... que una vez que le ponen los cuernos a uno se los ponen muchas veces más... yo le intentaba explicar que no había podido olvidarla y que esta vez yo iba a hacer las cosas bien, que no la iba a celar, que iba a controlar mis celos enfermizos, que fueron los que empezaron a dañar la relación en el pasado y que por eso no tendríamos problemas. Debo decir que Carolina aún estaba buena (aún lo debe estar, claro) ella tiene un bello cuerpo, una piel morena aceitunada suavecita, hermosas y contundentes piernas, unos muslos increíbles, bien formados, y sobre todo un gran culo, bellísimo, delicioso, que claro, hace que todos los manes se la quieran comer y le echen los perros. Y ella, como toda mujer, por supuesto, le encanta sentirse alabada, admirada, piropeada, en fin. En esos días ella estaba haciendo un posgrado y yo la recogía, yo la veía salir con la pinta de ejecutiva buena, minifalda, blusa, y quedaba atontado, se veía muy bien.

A los cuatro meses empezaron los problemas. Carolina empezó a perderse los viernes, me decía que se reunía con los compañeros de trabajo. Yo ni quería conocerlos, pues siempre he sido muy asocial, además porque me imaginaba que eran unos tremendos guevones, claro, como mis compañeros de oficina. Un domingo fuimos a almorzar donde su mamá. Doña Clara, su mamá, vivía con su otra hija, Angela. Iba a ver a Angela después de mas de tres años. "Debe estar mas buena que antes", pensé. Al almuerzo también estaba invitado el novio de Angela, pues era dizque para celebrar que el tipo había pedido su mano (uau, que de buenas, recuerdo que pensé). Antes de llegar Carolina me contó que el novio de su hermana era Ricardo, su jefe. ¡Como!... dije, sorprendido. Pues sí, resulta que Carolina los había presentado y claro, el man le había echado el ojo a su hermana.

Aquí debo decir que Angela, la hermana de Carolina, era (es) una mamasita, una mujer superbuena, divina de verdad, con un tremendo cuerpo y una cara hermosísima (la cara de Angela era mas bella que la de Carolina) que en más de una vez me hizo pasar momentos incómodos ya que yo la había conocido cuando aún era una adolescente y su belleza despuntaba derrochante, excesiva, exagerada y yo, por más que lo intentaba, no podía ser indiferente a ella, que hasta me pasaban por la mente malos pensamientos cuando nos íbamos de paseo y la veía broncearse con unas diminutas tangas y observaba ese cuerpo fresco, sin mácula (o sin tanta mácula mejor), aún no tan mancillado por la pesada mano del hombre.

¡Puta mierda!, pensé. Ese hijueputa ya me cayó mal. Ese sentimiento lo alimentaba la duda de si también se habría comido a Carolina. Y también que el man era ya un veterano, en esa época tenía 36 años. Que hijueputa, pues Angela tenía 20.

Llegamos al almuerzo. El man, era bien acuerpado, más que yo, mas o menos alto, tenía una pinta medio militar. Pues resultó que el man estaba metido de profesional voluntario del ejército, o algo así, y que entrenaba con el ejército todos los fines de semana. Mejor dicho, el man ponía el culo por el ejército. Yo siempre he desconfiado de los militares, de la policía de toda esa gente que es bastante criminal. Y lo digo porque tengo un familiar en un alto rango en el ejército y por eso se que esa gente es de lo mas corrupto y sucio que hay.

De entrada nos caímos mal. Muy grande y todo el man pero sin duda era un guevón. Lo sabía. La que si estaba mas buena que nunca era Angela. Claro, se notaba que ese man se la comía que daba miedo, pero es que estaba rebuena: delgada pero con su cuerpo contundente, un culazo (como el de su hermana, marca de familia), un rostro angelical, unos senos hermosos, bien sostenidos, redonditos, del tamaño perfecto y un cabello increíble, que cada vez que se movía emanaba de él un olor a jardín.

En medio del almuerzo surgió el tema del momento: la guerrilla y los diálogos de paz que ya se había acabado. El man entonces empezó a hablar bellezas del ejército, que lo uno, que lo otro. Yo lo dejé hablar. Debo decir, también, que si hay una cosa que he intentado hacer bien es enterarme de lo que pasa, de la verdadera historia de Colombia, leo mucho, no quiero que me metan los dedos en la boca ni los noticieron ni los periódicos, he viajado por Colombia también, de aventura y de trabajo y conozco mucho, bueno, lo suficiente, además pues sé muchas cosas de las cuales me entero por medio de mi familiar militar. Así que sabía por dónde atacar.

Lo primero que le solté, cuando el tipo dejó de hablar, fue el tema de los paracos. El hombre saltó. Defendió la dignidad del ejército y dijo que al fin de cuentas los paracos habían surgido para enfrentar a la guerrilla. Yo le di la razón, por supuesto, le recordé que el ejército, en los ochentas, le cuidaba las fincas a los narcos, que si no se acordaba. El man saltó. Ya me estaba acusando de guerrillero. Luego le dije que no veía como podía admirar a un ejército que en cuarenta años no había podido coger a Tirofijo, que pasaban y pasaban generales y Tirofijo seguía ahí. ¿No será que no les conviene, le dije, porque esa gente del ejército están viviendo de la guerra, se están enriqueciendo de eso, de nuestros impuestos, que están acabando los hospitales y la gente se muere sin atención por darle la plata a esos manes?. ¿Que estaban mandando a la guerra la juventud colombiana más pobre, que no tenía la capacidad de comprar la libreta, como lo hacían los que tenían plata?. ¿Y muchos regresaban mutilados, locos, y todo a cambio de que?. Le pregunté que si no se había enterado que los diálogos de paz los habían terminado los banqueros cuando en la mesa de diálogo se propuso que les pusieran un impuesto, pues eso manes, los banqueros, siempre ganan. Le recordé que un general de la república tenía tremenda colección de autos, cual mafioso. Aquí el man saltó de verdad y empezó a hablar duro. Carolina dijo que mejor salíamos. Angela me miraba super mal. Que pena con Doña Clara, cómo se sintió de incómoda.

Por el camino Carolina estaba furiosa. Desde luego que yo había sido un poco bocón, pero bueno, no había dicho ninguna mentira. Carolina me dijo que ahora ese man iba a pensar que yo era de la guerrilla o algo así. La verdad me sentí mal por eso, pues aquí es peligroso decir lo que uno piensa, y si uno no está de acuerdo con lo que dicen los medios (que es lo que dice la gente), ya lo van acusando a uno de guerrillero o de terrorista. Y si uno le dice las verdades a los que apoyan a la guerrilla pues lo acusan de para, de ultraderechista o lo peor: de uribista. Soy anarquista, agnóstico y escéptico y no creo en nadie ni en nada, sólo en mi santa madre, que ya no está y en mi viejo, que también se fue. Por eso de esos temas de política ya no hablo.

Ese día discutimos duro. Y esa semana fue lo peor. No me contestaba al teléfono, vivía con el celular apagado. Iba a su casa y nunca estaba, no quería que la recogiera después de las clases del posgrado. En su casa me recibía Doña Clara con la nenita. Yo me ponía a jugar con la Paula, la muñequita, lo recuerdo muy bien, con una granja que le habían regalado. Jugaba a imitar el sonido de los caballos (cállo, decía la nenita, a media lengua), de las vacas, de los perros, y la nenita se reía y me pedía que lo hiciera de nuevo (má, Bibi, má, me decía). Empezamos a vivir al vaivén, unas veces bien, otras mal. Unas semanas después todo empeoró. Carolina se seguía perdiendo eventualmente. Yo empecé a sentirme mal de los nervios. No podía dormir. Aveces la llamaba en mitad de la noche, a ver si estaba e su casa a esa hora, y ella se ponía furiosa. Nos encontrábamos y ella estaba diferente. Otra vez esta mujer me empezó a joder por dentro, pensaba, mientras ella a mi lado permanecía indiferente, arrogante, en su mundo. Ni mierda, pensaba, yo ya he salido de ésta, no puedo caer en la misma.

Carolina siguió con sus perdidas misteriosas. Hasta que no aguanté más y llamé a un detective. El tipo me citó, me dijo que eso no se hablaba por teléfono. Luego de que salí del trabajo fuí su oficina. Era mala caroso, un man que se notaba se había bajado a unos cuantos. Era un militar retirado, o del Das, en fin, mala cosa. Gordo, de bigote, de mala apariencia. Me dijo que me cobraba un millón de pesos por una semana, pero eso sí, me mostraba videos y todo. Pero si sólo tiene que seguirla un viernes, le dije. Que no, que el tipo trabajaba toda la semana o no trabajaba. Entonces nada, paila. Mucho menos cuando ví las fotos del man con uniforme.

Decidí hacer yo mismo el seguimiento. De algo me iban a servir los dos años en el grupo de teatro de la facultad. Fui a una tienda de disfraces y compré una peluca afro y barba y bigotes falsos de esos que se pegan con un pegamento especial. Luego me compré una chaqueta bien boleta en San Andresito, para parecer costeño y unas gafas oscuras enormes, que estaban de moda.

Ese viernes pedí permiso y salí temprano del trabajo, al mediodía. Fuí corriendo a mi casa y me puse el disfraz. Llegué temprano a donde trabajaba Carolina y me puse a esperar en una cafetería que quedaba en frente. Cuadré con un taxista que me recomendaron para que me llevara a donde fuera, por si las moscas. Recuerdo que el man me cobró a 40 mil pesos la hora. El taxista era un señor mayor, cuando me vió disfrazado habrá pensado que estaba loco. De camino a donde trabajaba Carolina le dije que necesitaba seguir a alguien. El man de una la cogió y me preguntó que si iba a seguir a mi esposa, de una se pilló que era una vaina de cuernos. Esperé y esperé. Salieron los trabajadores de la fábrica, pero ella nada. La llamé. Me dijo que aún estaba en la oficina, que luego iba a verse con su amiga Ana. Yo no le dije nada, me despedí, amoroso. Esperé. No salía. ¿Y si era verdad?. Me empecé a sentir mal, otra vez víctima de los celos, disfrazado además, como un guevón... me estoy enfermando de nuevo, pensé. Pienso que fue en ese momento en que empecé a sentir de nuevo las ganas de irme otra vez de Colombia.

Ya era tarde, estaba oscuro, iban a ser como las siete. El tipo del taxi se acercó y me dijo que entonces qué. Yo de todos modos quería esperar, pues ella no salía. Al momento salió un carro, de marca, lujoso. Era el puto ese, Ricardo malparido (que agradezca que no recuerdo su apellido si no aquí en este blog lo aventaba a ese gran hijueputa) ... y ella al lado. Sentí algo horrible por dentro, como una debilidad, como si me derritiera por dentro con lava o algo caliente y radioactivo. Eso no se lo deseo a nadie, a nadie de verdad. Mierda. Me dieron ganas de llorar, de irme donde mi mamá... pero ella ya no estaba... pensé en ella, le pedí que me diera fortaleza en ese momento. El carro salió y se fue rápido. Fui corriendo a donde el taxista y empezamos a seguirlos. El corazón se me aceleró cuando me dí cuenta que el hijueputa no se dirigía al lugar donde vivía Carolina, cerca a la Nacional. El man cogió para Ciudad Salitre. Jueputa. Sígalos, sígalos, le decía al taxista, supernervioso. Tranquilo muchacho me decía el señor, intentando calmarme. Llegaron a un edificio. Hasta ese momento no había visto nada raro. Pero ahí vino lo peor: mientras el portero abría la puerta el hijueputa le acarició el cabello, el rostro. Yo, atrás de ellos, veía su contorno, los veía de espaldas. Y ella se dejaba acariciar, luego el man se acercó y le dió un beso en la mejilla. Jueputa, me sentía morir de verdad, que dolor. ¿Porque me hace eso?, pensaba.

Entraron. ¿Y ahora que?, me preguntó el taxista. Nada, a esperar. Le pedí al man que fuera a comprarme media de aguardiente. Mientras esperaba el trago me puse a llorar de rabia, no quería que el taxista me viera en esas. Pero claro, cuando llegó yo estaba en plena lloradera. El man se conmovió. También me había comprado una soda, para bajar el guaro. Me sirvió un trago y trató de consolarme, de darme consejos. Me dijo que no fuera a armar ningún escándalo en la calle, que eso era peor. Me dijo muchas cosas: usted esta joven, consígase otra, mujeres es lo que hay, mire que uno se casa y al rato ya quiere estar con otras, etc, etc. Yo me sentía super mal, triste, hecho mierda, sin ilusiones... otra vez tocando fondo, como tres años antes... no puede ser... Le conté al taxista un poco de mi historia, llorando, lloré tanto que hasta las lágrimas hicieron que se me despegara el bigote y la barba falsos. En medio de tantas palabras el taxista me dio un gran consejo: si quiere sentir alivio mijo, hágale lo mismo, y que ella se dé cuenta, páguele con la misma moneda, la venganza es es el mejor remedio, hágale lo mismo a esa hijueputa.

Ya llevaban como media hora cuando decidí llamarla. No contestó el teléfono. Deben estar tirando, pensé, el hijueputa ese se la está comiendo. Me dió asco de todo, del mundo, de la sociedad, de Colombia, de todo... me dieron ganas de sapearla con la hermana... pero no, eso era de perdedores...

Por fin salieron, como a las dos horas. Ahora los tenía de frente. Las luces del carro del hijueputa me iluminaban. Eran como las nueve de la noche. Yo tenía puesta la peluca, las gafas negras, un poco de bigote. Los miré de frente. Ella me miro, fugazmente... pero no me reconoció... increíble. Peor aún... puso su manos en la nuca del man, acariciándolo. Luego lo besó. Puñalada, tras puñalada, ya mi corazon estaba muerto pero esa puñalada lo acabó de matar. Ese día entró el mal en mí, entró el veneno en mi corazón. Hasta ese día fui un tipo noble, sincero con las mujeres. Decidí que iba a volverme un cafre, un hijueputa. Puta, ese día decidí corromper mi alma para no sufrir más.

Los seguimos. El taxista todo el tiempo me insistía en la venganza, pero también en que me alejara de ella, en que habían mujeres que valían la pena en este mundo. El tipo la dejó en su apartamento y se fué. Yo esperé a que ella entrara. El taxista se fué a comprarme otra media. Esperé un rato más. Cuando llegó con la botella la llamé. Amorosa, cuchicheando, me dijo que había estado con su amiga Ana y que acababa de llegar, rendida, que estaba esperando a que el papá de la niña llegara con la nenita. Yo le dije que no podía visitarla esa noche, que mis compañeros de trabajo me habían hecho una invitación. Quedamos de hablarnos al día siguiente, se despidió cariñosa, fiel. Le pagué al taxista. El man me preguntó que si me llevaba donde las chicas malas, que lo mejor para sacarse a una mujer es estar con muchas mujeres. Yo no quería nada de eso. Le pedí que me acompañara mientras me bebía la media de guaro. Mientras tomaba el taxista me siguió dando consejos, contándome cosas de su vida, de una historia parecida que él había vivido. Me acabé la media y compré otra.

Llegué esa noche a mi casa. Mi papá ya estaba durmiendo, el viejo, con el televisor encendido. Lo apagué. El viejo abrió un ojo y tosió. La casa en silencio y oscura era lo más triste de éste mundo. Me encerré y lloré, hasta que me quedé dormido. Al día siguiente me desperté con un guayabo tremendo, cuando me desperté quise imaginar que todo había sido un sueño. Pero no, era la realidad. En el espejo del baño me veía con ese disfraz ridículo y me sentí peor. Ese día empecé a planear mi venganza. No me salió muy bien, pero esa es otra historia.

El hecho es que este año, 2005, pocos días antes de mi cumpleaños recibo una llamada. Es mi amigo Juancho, que me cuenta que lo llamó Carolina. ¿Quién?, le pregunto, extrañado. Si, Carolina. Yo con ella no me hablo desde hace como tres años, le digo. ¿Como?, me dice Juancho... si ella me llamó para invitarme a una fiesta sorpresa de cumpleaños que le está organizando. ¿Carolina?, le pregunto, la verdad que hace mucho que no hablo con ella. Pues que raro, me dice. Puta, nada, le digo, con ella no me hablo y paila, con ella nada de nada, lejos de mí.

Al día siguiente me llamó Carolina. Yo amable, pues que sorpresa volverte a escuchar, y ella, quetanto tiempo sin hablarnos, que cómo te fue por allá, y yo, pues bien, me especialicé y todo bien, y ella...¿y que, ahora con full trabajo?, y yo, pues sí, bueno, como tiene que ser... y la novia, me pregunta, y yo: pues bien (le mentí, luego pensé que el Juancho le habrá contado la verdad, que ahora no tengo novia), ella se quedó callada, ¿muy enamorado?, si claro, tu sabes que soy un enamorado... y ella, si claro, lo sé... ¿y la muñequita?, le pregunto... ¿mi princesa?... bien, linda, creciendo... muy inteligente... además es bien dominante con sus compañeritos de estudio... yo me quedo callado, recuerdo a Paula cuando me decía "Bibi, Bibi, caro...".

Ella me habla de su hermana, que ahora están peleando, que a su hermana se le metió en la cabeza que ella tiene algo con Ricardo, su esposo, que su hermana es una celosa obsesiva ... me quedo callado, me dieron ganas de decirle: pues bien hecho que se dió cuenta Angela, pero no le digo nada ... ella me dice que quién le manda a su hermana haberse casado con ese tipo tan perro, que ella le advirtió... yo empiezo a sentir naúseas... me hace la invitación a la fiesta, yo, muy decente, le agradezco y le digo que no, que ya no, que ya todo se acabó, que mejor dejar todo así, de lejos... al final ella me dice que yo cambié mucho, que lo que le hice le dió muy duro, que la decepcioné, que le dolió porque ella pensaba que yo era diferente a los demás hombres... pero que me había perdonado... yo le dije que sí, que lo que hice no estuvo bien, que qué cagada pero que el mundo me volvió así, la vida misma me corrompió... (claro, debí decirle, usted misma me corrompió, me jodió por dentro hijueputa, pero no, ¿para que eso?... ¿para que descargar esa energía negativa que luego se viene contra mi y me hace daño?) ... pero que estoy intentando volver a ser el de antes... ¿ya me olvidaste me dijo?... no, no te olvidé, pero todo ya quedó en el pasado, y ya.

Después de un rato nos despedimos, al final me dijo que lástima que no fuera porque ya tenía todo organizado... celebren sin mí, le dije.

No celebré el día de mi cumpleaños, no hice nada raro, creo que fui al cine. Este año cumplí 31, ya soy un adulto, ya dejé de ser un joven. Mi primo me llamó desde Estados Unidos, donde vive, a felicitarme. Nadie más me llamó, ni me felicitó. Unos días después Juancho llamó a disculparse, porque se le había olvidado mi cumpleaños, que me debía la invitación a celebrar, todo bien hermano, fresco, le dije... no le pregunté por la famosa fiesta. En el trabajo, como todos somos ya adultos, de mas de treinta, evitan celebrar el cumpleaños en forma pública y efusiva. Al día siguiente me felicitó Arianita, una compañera, y Sandra, una de las secretarias. Nadie más.

jueves, septiembre 15, 2005

EXORCISMO POR LA 13

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La chica era parecida a ella


Un difícil día de trabajo. Hay colegas que me quieren hacer responsable de sus fracasos ante el jefe. Vivir estas situaciones con gente de treinta años es lamentable, pues ya son adultos. La mejor forma de sacar la furia es recurrir a esa doble vida que todos llevamos. "Vamos a experimentar la noche del miércoles", pienso. Ya no estamos en los tiempos de la represión mockusiana donde Bogotá era obligada a asumir el mojigato rostro bajo el cual las autoridades pretendían esconder la pereza de la policía. Bogotá ahora se acerca un poco a lo que debe ser: un espacio de respeto por la libertad individual y el bien colectivo, un espacio para vivir intensamente, para vivir como uno quiera.

Decido ir a cine. Quiero estar solo. Francamente me da pereza llamar a alguna amiga, la rogadera pa que salgan, en fin. La nostalgia de mi adolescencia me invade cuando paso al lado del teatro Libertador, en la carrera 13 con calle 63, uno de los últimos dinosaurios del cine bogotano, que sucumbe ante el avance de la posmodernidad representada en los multiplex. Estan dando una película interesante: "El Ojo", cine de terror de Hong Kong. Entro al cine, el teatro es inmenso, para un apasionado del cine como yo, todo un deleite. Dos horas después salgo satisfecho. Ya ha caído la noche. Camino por la trece antes de regresar a casa. Pienso en mi doble vida, una vida alimenta a la otra, pero aún el demonio no ha salido, sigo con furia.

En una esquina una chica me entrega una tarjeta. La leo. Voy y saco algo de dinero. Leo la dirección de la tarjeta y me dirijo allí. No hay mucha gente en el bar. Un mesero me conduce a una mesa, me doy cuenta que el tipo no es de fiar. Me ofrece trago, pido una cerveza. Miro alrededor, no hay muchas chicas. Hay una sentada en la barra, otra en una mesa, frente a mí, fumando. No me atrae ninguna. El mesero me trae la cerveza, me pregunta si me llama una chica, no termino de responder cuando me trae a la chica que fuma frente a mí.


Tiene buen cuerpo, un cuerpazo. 

Cero barriga, parece que hiciera abdominales. Nos presentamos. Es bogotana, habla muy bien. Esta mujer es diferente, pienso. Ella pide un trago. Mira hacia la pista de baile, donde una chica baila. Me dice que le encanta la rumba, que le gusta vivir cosas nuevas, conocer gente para tener algo que contar al día siguiente. Le cuento lo que hago, le hablo de mi pasión: los libros. Entonces hablamos de libros y de literatura. Me cuenta que esa tarde su amante, un hombre casado cuya esposa va a dar a luz, le ha leído un libro: "Satanás". Increíble, pienso. Me relata las historias, me habla del libro. Sus opiniones son fascinantes, revelan una gran sensibilidad, eso es lo maravilloso de la literatura. El mesero pasa y pasa a cada rato con una nueva cerveza y otro trago. Ella me cuenta que le gusta el mesero, que su esposa trabaja allí, en la portería (debe ser la que me entregó la tarjeta en la calle), y que aún así no los ha pillado cuando hacen sus cositas. Hablamos sobre Bogotá. Surge el tema del bogotazo... me gusta lo que dice: me habla de Gaitán... del Gaitán abogado.

Que mujer tan interesante, es realmente inteligente, sabe mucho. 

Me cuenta que le encanta ir a la Biblioteca Luis Angel Arango, a leer de todo, libros, periódicos del pasado, que le encanta el silencio de sus salas para leer. Llego a pensar que es una periodista o alguna escritora viviendo al límite. Sabe muchas cosas que a una mujer normal jamás inquietaría. No ve televisión. Cero telenovelas, que bueno. Me dice que le encanta ver Discovery channel. Me habla de un documental que vió el día anterior. El mesero pasa y pasa, ellos se miran, ella sonríe. Me empiezan a dar celos. El mesero, a cada momento que sirve el trago, pide la propina. Que fastidio, pienso. Y este man además se la come. Le hago un comentario sobre el mesero, ella me dice que las chicas le dicen "El Divino". Pienso: no me puedo dejar encarretar por esta mujer, pero es muy inteligente, fascinante. Tiene una sonrisa hermosa.

Se me acaba el dinero. No aguanto más y le pregunto que cuánto me cobra. 

A esta altura de la noche (ya son las 11) ya estoy seducido por completo, ya la deseo. Me dice que le caí bien, me pide 30. Para los demas es a 50. Listo. De verdad que la chica esta buena y ademas es inteligente e interesante, que seduccion tan poderosa. Vale la pena. Luego le pregunto si aceptaría que nos viéramos por fuera del bar. Me mira y me dice que si, que le caí bien. Que por fuera del bar no me cobra si pasamos buenos momentos. Quedamos en que voy a sacar mas dinero, lo hacemos y seguimos de rumba. Ya no pienso en el trabajo, en que al día siguiente debo madrugar, que es una cagada llegar con tufo a la oficina... en fin... se me olvida todo... ya el demonio está fuera. Más que la belleza es la inteligencia lo que me seduce, una mujer inteligente me produce un enorme deseo sexual, una mujer inteligente e interesante es lo mejor que puede ocurrir.

Saco mucho dinero y regreso. No te demoraste, me dice, sonriendo, hermosa. La miro de arriba a abajo, siento un profundo deseo. Pedimos ron, media botella, le doy el dinero de la habitación. Ella va, cuadra todo y regresa, me dice que debemos esperar porque las habitaciones estáncarrera 13 bogota prostibulos sexo putas prepagos blog bogota llenas. El mesero llega con el ron, finalmente me saca la propina, gracias a ella. Yo pregunto: ¿propina por que?. Pero bueno, ni modo, ella sonríe y listo. Hablamos de todo, de la música brasilera, del rock contemporáneo que es una mierda, de la dependencia cultural de este país con Estados Unidos: ella dice que todo lo que llega de alla aqui lo consumen sin pensar, que maravilla, pienso, que maravilla sus palabras, su pensamiento. Yo ya estoy hipnotizado por sus palabras, por su inteligencia.

Y hablamos de sexo. 

Tiene 22 años, hace tres meses que trabaja en los bares. Me dice que le encanta el sexo. Me pregunta sobre mis gustos, le digo que en cuestión de sexo no tengo límites, que puedo tirar por horas y horas sin parar, que me gusta hacer de todo. Ella sonríe. Le hago una confesión: nunca lo he hecho por atrás. Ella sonríe, me dice que le encanta, que gusta la mezcla de dolor y placer, me pone la mano en la pierna y aprieta fuerte. Le hablo de mi vida, ella me habla de la suya. En ese momento suena "Egoísmo". Que bella la música llanera. Ella me cuenta una historia hermosa, de cuando ella era niña y estaba en el jardín: a un amiguito suyo le encantaba la música llanera porque su padre era del llano, siempre que escucha esa canción se acuerda de su amiguito. Me dice que siempre fue muy precoz, que a los once años ya iba a los bares, su cuerpo ya se había desarrollado. Vive con su padre en el barrio Diana Turbay. Hablamos del barrio La Soledad, donde ella también vivió. Me dice que en el sur los domingos todo el mundo sale, las calles se llenan de gente, que en La Soledad no es así, todo es muy tranquilo. Luego me habla de Juanes, de su admiración por su música. Me cuenta que vio en la tele un concierto de Juanes en Japón, que la emocionó mucho ver a la gente japonesa disfrutando. Y claro, hablamos de la maravillosa música colombiana.

A esa altura de la noche (ya son las dos) ya nos estamos terminando la botella. Me mira a los ojos y me dice que nunca estuvo con alguien tanto tiempo conversando a pesar de haber pagado la habitación. Me dice que vayamos al cuarto y luego nos vamos de rumba. Vamos. Entramos, el cuarto está en penumbras. El trago ha hecho efecto. Nos comemos uno a otro. Ella está supermojada, delicioso. Yo me la como a besos. Empezamos a tirar con deseo, con furia. Entro y salgo de ella, se siente suave, supermojado. Ella gime, el cuarto huele a sexo. Luego se da vuelta y me deja hacérselo por detrás. La verga entra con dificultad pero entra. Ella gime. Le encanta. Nunca lo había hecho así. Se siente más estrecho, quiero metérsela toda. Yo estoy muy exitado. Mientras la penetro por detrás le meto el dedo en la vagina húmeda. Se la meto toda, se siente delicioso. Cambiamos de posición, ella se hace arriba. De nuevo la penetro por la vagina, toco sus caderas, siento su piel caliente, su cuerpo intenso. Ella gime con fuerza. Golpean a la puerta. Ella grita que ya salimos. Luego, sentada arriba de mí, se pone mi verga en su culo. Vuelvo a entrar con dificultad, ella grita, gime. Se mueve, se la mete toda, grita. Se empieza a mover mas fuerte, gime y grita. Yo empujo con fuerza mientras tomo sus caderas, se la quiero meter toda, que delicia. Ella se mueve de arriba a abajo. Yo no aguanto, me corro, pero seguimos haciendolo. Ella se sacude, sube y baja, gime. Vuelven a golpear. Me salgo de ella. Nos miramos en la penumbra. Sonreímos.

Salimos de nuevo. Ambos sonreímos. El mesero nos mira con envidia, serio, ya no sonríe, no se vuelve a acercar a la mesa. Ella me dice que le pareció corto el tiempo, que quería seguir. Yo siento que lo que acabo de vivir es una alucinación. ¡¡¡¡¡Que polvazo!!!!! Hacía mucho tiempo no me echaba un polvo tan bueno. Seguimos conversando y terminamos la botella. Ya son las tres de la mañana. Salimos a buscar otro bar, ella me dice que le gusta uno que queda en Lourdes. Vamos pero está cerrado. Buscamos muchos lugares pero todo está cerrado. Vamos a un bar de antología: Púrpura... hace años que no voy allí... pero está cerrado. La ciudad está tranquila. De vez en cuando se cruza alguien pidiendo plata, yo me alejo, puede ser peligroso. La gente pide plata por nada. Finalmente ella decide comprar una hamburguesa. Ella quiere rumba, yo pienso que tal vez podamos ir a algún lado a pasar la noche. Pero ella no quiere, quiere rumba.

Entonces vamos hacia Las Cascadas, tal vez está abierto. 

Caminamos. Todo está muy tranquilo. Bogotá es increíble pienso, esta ciudad tiene una magia profunda. Llegamos al bar, esta abierto el bar de al lado, Linares. Entramos. El bar está lleno, la gente rumbea sin parar. Compramos cerveza y bailamos. Al lado una hermosa morena le baila a un chico que parece muy tímido. Ella le mueve el culo enfrente mientras él, hipnotizado, observa, pero no la toca. Luego el le baila a ella, ella le abre la bragueta y le mete la mano, el no se deja. En otra mesa hay muchos hombres y una chica deliciosa sentada, aburrida. En la pista hay tres hermosas niñas, niñas bien se nota, o de la Javeriana o de los Andes... se besan hacen el sandwich. Ella las observa, seducida, con certeza quiere estar allí, besándose con las tres chicas. Nos sentamos. Me dice que si puedo conseguir perico. Voy a la barra, le pregunto al mesero. El tipo bien amable, me vende una bolsita por tres mil pesos, que barato: BOGOTA ES UNA MARAVILLA, pienso. La gente rumbea con todo. Suena un reggeton. Una mujer que me ha visto comprar el perico se acerca. La mujer me baila, me pone el culo, esta buena. De nuevo siento mucho deseo. Me pide perico y cerveza, no puedo, le digo, Ella me espera. Regreso a la mesa. Ella toma una cerveza. Me dice que bailemos. Yo le enseño el perico. Ella abre los ojos, me besa, agradecida. Nos metemos un par de pases cada uno. El perico entra en mi cabeza, me despierta. Suena un tecno. Vamos a bailar. La locura, RUMBA CORRIDA EN BOGOTA, la gente baila en la pista llena. Llegan unos travestis. Se ven bien atractivos. Un grupo de hombres que están en una mesa los llaman. Suena el reggeton de Shakira, la gente enloquece, la pista se llena, todos bailan intensamente.

La morena ya no está con el chico tímido, ahora baila con otro hombre que la toma con fuerza por detrás. Llega un hombre medio musculoso, vestido con un esqueleto, a sacar a bailar a la chica que esta en la mesa con mucho hombres. Parece que le pide permiso a otro hombre, quecarrera 13 bogota sexo prostibulos putas prepagos blog bogota asiente. La chica se pone de pie y baila con el tipo del esqueleto. Ahora dos de las niñas bien se besan y se tocan apasionadas, exitadas. Yo observo a las mujeres de las otras mesas, bailan, se mueven sensualmente, me exitan mucho. Yo en mi mesa, abrazo a la chica. Ella, que todo el tiempo no ha dejado de mover la cadera al ritmo de la música, pone mi mano entre sus piernas. Yo le meto la mano entre el pantalón y le tomo la vagina, aún húmeda. Le meto el dedo, le masajeo el clítoris. Ella se retuerce. Me doy cuenta que mis manos huelen a su sexo, un olor intenso. Voy al baño, me lavo las manos pero el olor persiste, me gusta.

El tipo del esqueleto se va con la chica. Ya son las cinco y media de la mañana, yo entro a trabajar a las ocho. Hora de irme. Salimos. Ella quiere regresar al bar donde nos conocimos. Vamos. La luz del amanecer en Bogotá hace que todo adquiera un aire de irrealidad. Frente al bar nos despedimos. Quedamos de vernos el viernes siguiente. Ella, como escéptica, me despide. Demoro un rato en tomar un taxi. Estoy agotado, alucinado por lo vivido. En la mañana aún conservo el olor de su sexo en mis manos, de nada vale el jabón, el olor permanece. En la oficina huelo mis manos y me exito. Recuerdo cuando la penetré por detrás, por primera vez en mi vida lo hice así. Ella se llevó mi virginidad, eso lo podrá contar al día siguiente.

Tranquilo, voy y hablo con el Jefe. No estoy exaltado, ya el demonio de la furia ha salido, ella lo ha exorcizado. Le explico lo que los otros dos ineptos no pudieron hacer... el me apoya... ya le han contado la verdad de lo que que ha sucedido, se lo contó otro compañero, no los ineptos... mientras hablo con el Jefe todo el tiempo pienso en ella, lo escucho y pongo mi mano en la barbilla, siento el olor de su sexo. De nuevo estare volviendo por la trece, pienso.


domingo, septiembre 11, 2005

EL PERICO


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Se casaba un colega de trabajo con una chica española. A su matrimonio vinieron personas de muchos países, casi del mundo entero. 


Valientes, les decíamos, venir a Bogotá con tan mala fama. Había que atenderlos como se debe. En medio de la fiesta se me acerca una hermosa y exótica italiana y me dice: que rica la fiesta... que linda Bogotá... su clima me encanta... pero no hay cocaína. Sonrío y le pregunto: ¿cómo... aún no has probado la mejor cocaína del mundo? Ella sonríe y me dice: ¿vamos a buscar? Cómo no hacerlo... la obligación de cualquier bogotano es ser un gran anfitrión. 


Vamos a la 22 con Caracas... 

en medio de las hermosas mujeres que deambulan a esa hora en aquel turbulento sector del Barrio Santafé, llamamos a un chico que en cinco minutos nos trae ocho papeletas de cocaína: había que llevar para toda la gente de la fiesta. Ella, sorprendida, mira hacia todos lados. Sonríe y dice: que buena Bogotá. La sonrisa le llena el rostro cuando tiene en sus manos la bolsita con la cocaína, que mira con gran sorpresa. Este perico es cocaína pura, dice, cuando se mete el primer pase. Uau, dice, después de aspirar, que buena, que buena, rico perico, rico y suelta carcajadas. Llegamos a la fiesta, la multitud, exaltada, viene a nosotros. La fiesta duró todo el fin de semana.


Charly García y la cocaína


Hace poco una presentadora de un canal de televisión, no teniendo más que decir, armó un escándalo cuando el músico argentino Charly García, en un acto de deferencia con nuestro país, dijo que le encantaba venir a Cocalombia. Empezaron las consabidas e hipócritas manifestaciones de indignación de la farsandulería nacional que luego se mete esa coca en sus fiestas, o de esas presentadoras, que son amantes de narcos o paramilitares que viven de exportar coca. 

La coca, el perico, tema polémico, es verdad... pues... ¿a qué colombiano que haya viajado al exterior no lo han señalado como procedente del país de la droga? Donde he estado siempre me nombran a Pablo Escobar como el colombiano más conocido. Despúes de él me nombran al Pibe Valderrama y luego, muy lejos, a García Márquez. Para quienes frecuentamos los mundos subterráneos éste tema adquiere múltiples dimensiones.

Muchas veces, cuando he vivido en otros países, y me decían esto y aquello sobre el asunto de las drogas en Colombia sentía que era una forma de manifestar desprecio. No es fácil ser inmigrante, es verdad, más cuando uno está bien, con trabajo, una novia y demás, y los nativos del país donde estás están mas jodidos que uno y sienten que les estás quitando algo. Siempre que iba a una fiesta o reunión era lo mismo: "Ahhhh... colombiano.... no trajiste algo?"... y la consabida carcajada. 

Dos horas después, desesperados, preguntaban si de verdad alguien no tenía cocaína, reunían ingentes cantidades de billetes y salían a conseguir algo. Me daba risa... se burlan y luego quieren perico... esa es la hipocresía de la lucha contra las drogas... más cuando veía el perico que se estaban metiendo: una cosa terrible, algo como cristales de azúcar, de aspecto tenebroso. Recordaba entonces el polvillo que se deshace en los dedos, que se vende a precios módicos en las calles bogotanas. Me acercaba y les decía: ¿que eso colegas?... ¿que porquería es esa?... el perico de verdad es un polvillo dulce y encantador, blanco como la leche... el perico de verdad sólo se consigue en Colombia. Muchos de aquellos colegas han venido a Bogotá y han quedado sorprendidos cuando por la módica suma de dos dólares consiguen el mejor perico del mundo. ¿Verguenza u orgullo? ... me quedo con el orgullo.



¿Es la cocaína nuestra maldición? 


En verdad no. La cocaína proviene del procesamiento de la hoja de coca, la hoja sagrada de los andes. La coca era empleada por las culturas indígenas precolombinas como medicina y alimento, era la planta regalo de los dioses. Es nuestra planta ancestral. Aún no dejan de descubrirse propiedades medicinales de la coca. ¿Entonces porqué la cocaína?. La cocaína, producto obtenido del procesamiento de la hoja de coca, fue sintetizada a mediados del siglo XIX y desde ese momento los grandes laboratorios farmacéuticos del momento, como Bayer, Parke Davis o Merck se disputaron su fabricación. Incluso Merck pagó a Freud para que experimentara en su uso como medicina psiquiátrica. La cocaína también fue empleada como anestesiante por ser menos riesgosa que la morfina. Sin embargo los problemas surgieron pocos años después cuando en Europa se empezaron a presentar los primeros casos de adicción.


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Desde luego que la culpa de la existencia de la cocaína no es nuestra. El consumo de drogas es el precio que el hombre contemporáneo paga al avasallador avance de la modernidad. El hombre convertido en una máquina de producir necesita escapar al vértigo de estos tiempos. No es gratuito que en los altos círculos económicos y financieros la cocaína sea la droga por excelencia. ¿Es culpa nuestra?. La cocaína es la opcion que se le presenta a estos países jodidos por la deuda externa. Al fin y al cabo... ¿estamos obligando a los europeos y a los gringos a consumirla?. Creo que no... por lo menos hasta ahora no he conocido al primer colombiano o peruano o boliviano que ande por las calles europeas promocionando el uso de la cocaína.




La dama blanca


Ahora vamos a su uso. La cocaína, la dama blanca, su uso es tan seductor como su eufemismo. El embale que produce la cocaína es, hay que decirlo, muy peligroso. Peligroso porque no tiene límites, porque es encantador, porque te pone a andar sobre este mundo en la cresta de la ola, porque da resistencia, porque le pega duro al cuerpo. Mis amigas me dicen que la cocaína les produce un enorme deseo sexual. Es verdad. En las mujeres la cocaína desata la furia de la lujuria. Y para hacer el amor la cocaína es un gran potenciador, la cocaína permite follar por horas y horas sin parar. Y para quienes le dan duro al trago la cocaína es la mejor aliada: baja la borrachera y permite seguir bebiendo. Es decir, la cocaína es la socia perfecta de los demonios de éstos tiempos, la cocaína es una droga para hombres y mujeres.

Desde luego que lo mejor es estar lejos de ella. Yo recomendaría otras cosas, dedicarse al deporte por ejemplo. Pero hay noches en que queremos desordenarnos, aquellos viernes en que la luna bogotana invita a salir por las calles, a deambular por los bares, al desafuero, a botar los demonios... ¿y si se atraviesa en el camino una hermosa niña que te propone un pericazo?... Bueno... mejor contemos historias de la cocaína...¿que historias les han sucedido con la cocaína de por medio?... vale de todo, historias con final feliz y con final trágico... historias de alegrías y tristezas...prometo, en la próxima, contar una... con final feliz.



Pirata Subterráneo

viernes, septiembre 09, 2005

BOGOTA SUBTERRANEA

¿Donde termina la Bogotá reconocida y donde empieza la Bogotá subterránea?. ¿Dónde termina la Bogotá mogijata y empieza la Bogotá liberada?. Bogotá no es una ciudad caliente... pero ¿los bogotanos y las bogotanas lo somos?.
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Para un joven normal y corriente salir en la noche por Bogotá llega a ser una experiencia intectual ya que para nadie es un secreto que las bogotanas son desconfiadas y antípáticas a primera vista, hay que hacer esfuerzos supremos para derribar el muro de la animosidad.... a no ser que tengas un BMW o pinta de galán de telenovela. ¿Y para las niñas bogotanas? Bueno, frente a ciudades como Rio de Janeiro o La Habana, las niñas bogotanas viven enclaustradas en sus casas. Cuando llega la noche en las calles bogotanas las niñas brillan por su ausencia. ¿Es diferente para los adultos y los maduros?. No mucho.
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Pero... ¿es esto realmente cierto?. La noche bogotana tiene mucho de desconocido porque sucede tras las puertas de muchos lugares donde la fiesta y el desenfreno no terminan cuando llega la mañana. Para la muestra cierta cantidad de clubes en el sector de chapinero, en la Caracas, donde la desmesura no tiene límites. Y también de la zona rosa. Y no estoy hablando de burdeles, estoy hablando de discotecas, lugares de rumba, donde se dan cita gentes de todas las variedades posibles: estudiantes, gomelos, ricachones, burócratas, emergentes, empleados, extranjeros, prostitutas, travestis, pandilleros, veteranas, veteranos decadentes, pobres diablos, llevados y llevadas, todos en busca de una sola cosa: darle duro a la rumba. Sin embargo es tan sólo una minoría que conforma un pequeño grupo de fugitivos que no se resignan a que Bogotá sea una ciudad fría, sino una ciudad muy caliente.
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Entonces se plantean las preguntas. ¿Como es la noche en Bogotá para los bogotanos y las bogotanas?. ¿Es Bogotá una ciudad mojigata o sólo lo son los bogotanos y las bogotanas?. ¿Cuales son los lugares donde la fiesta no tiene límites?. ¿Los bares?, ¿los moteles?, ¿el chat?.

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Esta información pueden encontrarla en éste vínculo.


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Pirata Subterraneo
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martes, septiembre 06, 2005

La Banda de Millos

¡Ahí viene la Banda de Millos
Viene descontrolada!







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Voces y cantos: Hinchada Albiazul, La Mas Grande de Colombia.
Sonido Directo, Grabación y Edición de Audio: Pirata Subterráneo
Grabado en el Estadio El Campín de Bogotá - Colombia, en Marzo de 2005.
Este audio lo encuentras en la Bitácora del Pirata Subterraneo:
http://subterraneabogota.blogspot.com
http://subterraneabogota.blogspot.com/2006/02/millonarios_15.html
Bogotá Subterranea - 2006


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LA MAS GRANDE DE COLOMBIA!!


domingo, septiembre 04, 2005

¡¡Vamos, Vamos Millonarios!!

¡¡¡Vamos, vamos Millonarios vamo a ganar!!!
Que ésta hinchada no te deja de alentar
Yo te sigo a todas partes a donde vas
¡¡Cada vez te quiero mas!!

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¡¡Hay que salir campeón!!

¡¡¡Hay que salir Campeón!!!








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¡¡Movete Millos Movete!!

¡¡¡Movete Millos movete!!!
que ésta hinchada está loca
y hoy no podemos perder...






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La Barra del Aguante

Alentando sin parar al MAS VECES CAMPEON
está la Barra del Aguante...
Millonarios de mi corazón
¡que yo quiero que pongas mas huevos
porque éste año
quiero ser Campeón!








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Sentimiento Millonarios

HAN PASADO MUCHOS AÑOS
MUCHOS JUGADORES
MUCHOS DIRIGENTES
SE HAN LLENADO LOS BOLSILLOS
LO UNICO QUE QUEDA
ES SU GLORIOSA GENTE
SI SIGUEN ROBANDO
LA VIDA ESTAS ARRIESGANDO
ES UNA AMENAZA
¡¡¡SENTIMIENTO MILLONARIOS!!!

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sábado, septiembre 03, 2005

Gol de Millonarios

¡¡¡GOL DE MILLONARIOS!!!

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LA HINCHADA ALBIAZUL
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viernes, septiembre 02, 2005

Embajador, Embajador...

¡¡Esta es tu hinchada!!
Embajador, Embajador...










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jueves, septiembre 01, 2005

Dale embajador

Dale Embajador... quiero salir campeón...
Millonarios te agradezco por esta pasión
Cuando juntos demos la vuelta
azul y blanco vestirá Bogotá...

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